Las restricciones a las importaciones y los problemas para adaptarse a las reglas de juego locales actúan contra el mercado de bienes de lujo en Argentina, donde algunos de sus mayores exponentes se baten en retirada abandonando a sus fieles consumidores.

A contracorriente del mundo, donde pese a la crisis global el segmento del lujo crece, en Argentina "el mercado atraviesa un momento bastante delicado", dijo a Efe Diego Schvartzman, presidente de Maison du Luxe, consultora que asesora a marcas de lujo.

"Argentina es hoy un excepción en el mercado internacional de lujo, que está creciendo. En Argentina se desacelera el segmento y lamentablemente estamos teniendo una salida de marcas", señaló el experto.

Recientemente, Ralph Lauren y Cartier confirmaron que se retirarán de Argentina, siguiendo los pasos de otras grandes marcas como Yves Saint Laurent y Escada.

Fuentes de Ralph Laurent aclararon que el cierre de sus tres locales en Buenos Aires es "temporal" y que su "intención es continuar sus negocios" en Argentina, aunque no dieron detalles de los motivos que impulsaron esta decisión.

También portavoces de Cartier confirmaron a Efe que "en unos meses" cerrarán las puertas de su local en la avenida Alvear de la capital argentina, aunque tampoco quisieron explicar las razones del cierre.

Según Schvartzman, una de las características del sector es que, por su volumen, las inversiones deben hacerse a muy largo plazo y, en Argentina, con el recuerdo de la severa crisis de 2001, las empresas no se han animado a desplegar grandes operaciones.

Hoy el sector se ve además seriamente afectado por las restricciones a las importaciones impuestas por el Gobierno de Cristina Fernández para, por un lado, cuidar la balanza comercial y, por otro, incentivar la producción local.

En la práctica, las marcas de lujo se ven en un brete pues casi la totalidad de sus productos no se fabrican en Argentina y tienen serias dificultades para importar.

"Ninguna marca de lujo puede estar con las puertas abiertas y no ofrecer a sus clientes los productos que las hacen ser lo que representan", señala el titular de Maison du Luxe.

El Gobierno argentino muchas veces permite las importaciones, si son compensadas por exportaciones de productos locales y, en esta línea, algunas marcas comenzaron a adaptarse a las nuevas condiciones para permanecer en el mercado.

El grupo argentino Pulenta, por ejemplo, exporta desde Argentina vinos y productos olivareros para poder seguir importando automóviles de lujo de la alemana Porsche, que no produce autos en el país suramericano.

Otro ejemplo de este tipo es Ermenegildo Zegna, que tras cerrar su tienda en Buenos Aires durante un par de meses por falta de mercancía, reabrió sus puertas después de comenzar a exportar lana argentina y, así, destrabar sus importaciones.

La textil Lacoste, en tanto, optó por montar una fábrica en la norteña provincia de San Juan, buena parte de cuya producción exporta.

Sin embargo, apuntó Schvartzman, estos casos son más una excepción que un regla pues la mayoría de las marcas de lujo no tienen posibilidades de fabricar o de exportar desde Argentina porque no tienen la estructura necesaria o porque simplemente esa alternativa contradice sus políticas.

"Muchas marcas, principalmente las italianas y las francesas, no fabrican fuera de su país de origen por una cuestión de respetar su herencia y su tradición, elementos muy profundos que definen a las marcas", explicó el consultor.

Schvartzman apuntó que "debido a este problema coyuntural, que se está prolongando en el tiempo y que no se ve cuando va a tener algún cambio, varias marcas internacionales revisan sus estrategias y consideran que no tiene sentido seguir en Argentina".

Y aclaró que no es porque el mercado local de consumidores sea despreciable. Muy al contrario, dijo, si estas restricciones en el país se levantaran, "Argentina debería ser, detrás de Brasil y México, el tercer mayor mercado de lujo de Latinoamérica".

Claro que la decisión de irse de la plaza tiene sus costes y las marcas, si alguna vez regresan, tendrán que afrontarlos.

"Las marcas, si las nuevas generaciones no están en contacto permanente con ellas, no consiguen afianzarse en ese grupo de consumo y pierden la relación con el consumidor, que acaba desviándose hacia marcas con las que sí tienen una convivencia cotidiana", advirtió Schvartzman. Natalia Kidd