Mientras las fuerzas sirias combatían a los rebeldes para expulsarlos de la ciudad más grande del país, el principal aliado del régimen, Irán, intentó el jueves impulsar un proceso político alterno para solucionar la crisis.

Teherán organizó una conferencia de naciones entre las que se incluyen desde firmes partidarias de Damasco hasta países distantes geográficamente de la guerra civil siria.

Es improbable que la reunión de un día resulte un algún consenso internacional, pero muestra la determinación de Irán de apoyar al presidente Bashar Assad, cuyas fuerzas intentan aplastar una revuelta que ha durado 17 meses.

El jueves, los rebeldes sirios dijeron que estaban escasos de municiones, pero aún así oponían resistencia contra una ofensiva terrestre que lanzó el régimen en la ciudad de Alepo, epicentro de la lucha durante más de dos semanas.

Teherán describió el jueves la conferencia como una vía abocada al diálogo, una alternativa a las iniciativas de Occidente que incluían la demanda de que Assad dejara el poder.

Irán ha dicho que los detractores del régimen sirio no han considerado la violencia escenificada por los rebeldes.

"Irán se opone a la matanza de personas desarmadas, así como de ciudadanos por parte de cualquiera de los bandos", señaló el ministro del Exterior iraní, Alí Akbar Salehi durante la conferencia.

El diplomático advirtió que el envío de armas a la oposición sólo avivará la crisis y acusó a los rebeldes de utilizar a los civiles como "escudos humanos".

Salehi señaló que representantes de unos 30 países asistieron a la reunión, incluidos Rusia y China, así como de Benín, Cuba y Mauritania, naciones geográficamente distantes de Siria.

Estados Unidos descalificó la conferencia en Irán. "Consideramos destructivo el proceder iraní en Siria", señaló el portavoz del Departamento de Estado, Patrick Ventrell.

"Es difícil para nosotros pensar que los iraníes, tras esforzarse demasiado en mantener a Assad en el poder... puedan ser un actor constructivo en la facilitación de una solución política a la crisis", agregó.

Los rebeldes sirios interceptaron la semana pasada un autobús y secuestraron a 48 iraníes que viajaban en el mismo en un suburbio de Damasco.

Los insurgentes afirmaron que los iraníes eran militares, incluidos integrantes de la poderosa Guardia Revolucionaria de Irán que efectuaban una "misión de reconocimiento" para ayudar a la campaña de represión de Assad.

Teherán aseguró que los 48 iraníes son peregrinos que visitaban un templo chií en Damasco. Salehi señaló el miércoles que algunos de estos peregrinos eran miembros retirados del ejército y de la Guardia Revolucionaria.

En tanto, el régimen intensificó su asalto contra Alepo. La agencia estatal de noticias dijo el miércoles que las fuerzas de Assad habían recuperado el control del barrio de Salahedín, la principal zona insurgente de Alepo, pero los activistas dijeron que los rebeldes aún estaban dando la pelea allí el jueves.

"Es difícil saber exactamente lo que está pasando por la magnitud de los cañoneos, pero los rebeldes siguen luchando", dijo desde Alepo el activista Mohammad Said en una entrevista con The Associated Press a través de Skype.

Rusia ha instado a Occidente para que Teherán participe en los debates internacionales sobre una salida a la crisis siria, alegando que la república islámica podría tener un papel clave. Moscú ha sido el principal protector y aliado del régimen de Assad, protegiéndolo de las sanciones de Naciones Unidas por la represión brutal de un levantamiento popular que se ha convertido en una guerra civil.