Tras siglos de políticas enfocadas en integrar a los pueblos originarios a la sociedad despojándoles de sus costumbres, México se encuentra inmerso en lo que varios expertos consideran una nueva etapa histórica basada en el respeto a sus formas de vida que no está exenta de complicaciones.

"No tenemos derecho los que tenemos una formación occidental a cambiarles su concepto de felicidad, porque son más felices que nosotros. Lo que sí tenemos que hacer es ayudar a que vivan mejor, a un buen vivir", aseguró a Efe Xabier Abreu, director general de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI).

Durante la inauguración del Museo Indígena con motivo del Día Internacional de los pueblos originarios que se celebra cada 9 de agosto, el máximo responsable de la CDI recordó que en México, donde 15,7 millones de personas se declaran indígenas, el 14 % de la población, la relación con estos pueblos ha cambiado notablemente.

"Las culturas indígenas del méxico de 2012 son muy diferentes a las de hace 500 años; ha habido en el diálogo intercultural algunos aprendizajes de un lado y de otro", apuntó Abreu, quien destacó el valor del tiempo y el respeto por la tierra como enseñanzas ancestrales a las que la sociedad actual debería atender.

A su juicio, además de reducir las brechas sociales y económicas entre los pueblos autóctonos y el resto de la población, el reto principal que enfrenta México es que las leyes no lleven a una "política indigenista, sino indígena", es decir "que sean ellos los que vayan dictando hacia dónde debe ir" el reglamento que les atañe.

En este sentido también se manifestó el reconocido sociólogo Rodolfo Stavenhagen, quien tras una conferencia magistral impartida el miércoles durante la inauguración, explicó a Efe que la relación con los pueblos indígenas estuvo marcada durante siglos por la idea de que existe un "progreso unilineal" que va de lo primitivo a lo moderno.

"Desde el siglo XIX se adopta en el medio urbano la visión de que hay un progreso de una etapa primitiva hacia la modernidad, el progreso y la alta civilización, y quienes se quedan en el camino se quedaron atrás en el tren de la historia", abundó.

En este contexto se enmarcan las políticas de "integración" que desarrolló México ya en el siglo XX, las mismas que actualmente hubieran constituido un "etnocidio" y un crimen contra la humanidad, pues según el experto "estaban encaminadas a contribuir a que los pueblos originarios adoptasen los modales de la cultura dominante".

El cambio, según Stavenhagen, se ha venido fraguando en las últimas dos décadas, y ha estado profundamente influenciado por los propios pobladores, quienes no sólo en México sino en todo el mundo han ido adquiriendo "conciencia" de su cultura y de su visión del mundo, transformándose en sujetos cada vez más activos.

La declaración de Naciones Unidas sobre los derechos humanos de los pueblos indígenas de 2007 vino a reforzar un proceso que, tal y como señaló el experto, ha permitido la existencia de un "aparato" legislativo cada vez más potente tanto nacional como internacional.

Recordó, además, que México se reconoce oficialmente como culturalmente diverso desde 1992 tras las modificaciones constitucionales del artículo cuarto y posteriormente, en 2001, del artículo segundo, por las que se reconoce la coexistencia de múltiples pueblos indígenas con características propias.

No obstante, advirtió que aún existe una "brecha de implementación" por la cual, a pesar de que hay leyes que defienden los intereses de los primeros pueblos, en muchos casos "no se conocen, no se aplican y no se reglamentan", inclusive desde las mismas instituciones o funcionarios gubernamentales.

"Hoy, a diferencia de hace 50 años, tienen su propia voz, su propia forma de relacionarse con el Estado, pero aún no es fácil porque a veces no se les quiere reconocer. Miremos las escasas propuestas en esta dirección en las pasadas elecciones", afirmó.

Como las cuestiones de fondo que hace falta solucionar, Stavenhagen citó aspectos como la "falta real de participación, la desigualdad económica, la pobreza en la que viven la gran mayoría de los pueblos indígenas y la falta de inversiones que podrían resultar productivas, sustentables y respetuosas".

"Tenemos que ser conscientes de que la multiculturalidad es algo que nos enriquece a todos; eso nos lo han enseñado los pueblos indígenas a través de sus luchas por el reconocimiento y el respeto que el resto de las sociedades nacionales generalmente les han negado", aseveró.