En las primeras páginas de "La mística de la feminidad", Betty Friedan capturó conscientemente la desesperación de muchas amas de casa, y sin saber anticipó un cambio en el lenguaje que reflejaría la revolución que llegaría a la vida de las mujeres.

"Mientras ella hacía las camas, compraba la comida, combinaba las telas de las fundas, comía sandwiches de mantequilla de maní con sus hijos, llevaba a los chicos a clubes de niños exploradores, se acostaba junto a su esposo de noche", escribió Friedan en su libro de 1963, "tenía miedo si siquiera de hacerse la pregunta sigilosa: '¿Es esto todo?'''.

El lector promedio detectaría detalles tipo "Mad Men" como "combinaba las telas de las fundas". Pero un lingüista o psicólogo llevaría una cuenta de su uso de pronombres femeninos. La era dorada de los pronombres masculinos estaba terminando.

Según un estudio dufundido el jueves, la brecha entre "él" y "ella" en los libros, una que siempre favoreció a los pronombres masculinos, se ha reducido dramáticamente desde la publicación del clásico feminista de Friedan.

Al revisar casi 1,2 millones de textos en el archivo de Google Books, tres investigadores universitarios analizaron el uso de pronombres de 1900 a 2008. La proporción de pronombres masculinos y femeninos era de casi 3,5 a 1 hasta 1950, cuando la diferencia comenzó a ampliarse al quedarse más mujeres en casa tras la Segunda Guerra Mundial, y llegó a su pico con una relación de 4,5 a 1 a mediados de los 60, reduciéndose a 3 a 1 para 1975, y a menos de 2 a 1 para 2005.

"Estas tendencias en el lenguaje cuantifican uno de los más grandes y rápidos cambios culturales que se hayan observado: el progreso increíble del estatus de las mujeres en Estados Unidos desde finales de la década de 1960", dijo en un comunicado Jean M. Twenge, profesora de psicología en la Universidad Estatal en San Diego y autora de "Generation Me".

"Esas cifras son muy sorprendentes", dijo James W. Pennebaker, autor de "The Secret Life of Pronouns" y presidente del departamento de psicología en la Universidad de Texas en Austin. "Los pronombres son una señal de que la gente está poniendo atención y que mientras las mujeres están más presentes en la fuerza laboral, en los medios de comunicación y en la vida en general, la gente habla más de ellas".

En una entrevista reciente, Twenge dijo que ella y sus colegas — W. Keith Campbell, quien encabeza el departamento de psicología en la Universidad de Georgia; y Brittany Gentile, una de sus estudiantes — habían hablado sobre la base de datos de Google como una herramienta para estudiar los géneros. Les gustó la idea de comenzar en la década de 1900, pues los pronombres cambiaron desde que los equivalentes ingleses de "vos" y "a vos" dejaron de usarse a finales de 1800.

Google hoy ofrece mucha más información que hace apenas unos años, subrayó Twenge, aunque el material está lejos de ser completo. El archivo del motor de búsqueda contiene sólo 4% de todos los libros publicados en Estados Unidos desde 1800, pero Twenge y sus colegas llegaron a la conclusión de que el género no era un factor determinante en cuanto a qué libros Google recolecta.

"Hay una gran muestra, sin tendencias", dijo Twenge. "Y hay un consenso sobre un grupo de palabras".

"Parece muy completo y bien hecho", dijo Pennebaker. "Hay dos tipos de datos: datos imperfectos y datos nulos. Si una se pone a esperar por datos perfectos, se quedará esperando por siempre".

Desde textos académicos hasta la ficción popular, los libros escritos por mujeres y sobre mujeres han proliferado en el último siglo. Nueve de los 10 libros más vendidos actualmente en Estados Unidos fueron escritos por mujeres y por años las editoriales han considerado que más mujeres compran libros que hombres. Según los investigadores de mercado de Simba Information, cerca de 60% de quienes compran libros son mujeres.

El nuevo estudio confirma los grandes avances del sexo femenino en educación y sus logros para ser publicadas, dijo Erin Belieu, una reconocida poeta y codirectora de VIDA: Women in Literary Arts, una organización sin fines de lucro creada en 2009.

"Las mujeres aumentaron definitivamente su 'producción literaria', especialmente en las últimas dos décadas", escribió en un correo a The Associated Press. "Y específicamente las escritoras de ficción han logrado un gran impacto económico en la industria editorial".

Pero, como VIDA ha demostrado, el hecho de que haya más libros escritos por mujeres no significa que se reseñen más libros de mujeres o que más mujeres se pongan a escribir para publicaciones literarias. En los últimos dos años VIDA ha divulgado estudios que demuestran que revistas como el New Yorker y The Atlantic dedicaron mucho más espacio a los escritores que a las escritoras, una proporción que ha llevado a que el editor del New Yorker David Remnick reconociera: "Tengo que mejorar".

"Las escritoras tienen muchas más posibilidades de ser marginadas para comercializar aquello que busca definir quién son las mujeres como escritoras y qué se supone que quieren leer las mujeres", escribió Belieu, profesora asociada en el departamento de Letras Inglesas la Universidad Estatal de Florida. "Esto cierto tanto en la literatura como en el periodismo contemporáneo. Las escritoras comenzaron a ser encasilladas en la literatura para jóvenes y para chicas. A las periodistas les asignan más historias 'personales'''.

La prevalecencia de los escritores masculinos y los reseñadores masculinos "es como la vieja guardia que no se retira, como siempre lo han hecho", agregó Belieu. "Pero las mentes progresivas ganan en los juegos de cancha grande".