Brasil destina unos 1.000 millones de dólares anuales a la cooperación en el llamado "eje Sur-Sur" y se propone mantener y hasta incrementar esos montos, dijo hoy a Efe el director de la Agencia Brasileña de Cooperación (ABC), Marco Farani.

Pese al actual escenario de crisis, "la tendencia es aumentar" esos montos, pues la cooperación "es hoy una herramienta importante para la política externa y para las relaciones internacionales", indicó Farani.

Según el director de la ABC, aunque esos 1.000 millones de dólares anuales son una cifra "considerable", sólo representan en torno al 0,02 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) de Brasil, un país que está considerado hoy como la sexta economía del mundo.

"Ese papel aumenta el sentimiento de la responsabilidad y de que es necesario ayudar todavía más para crear un mundo mejor", señaló.

La mayor parte de los proyectos de cooperación desarrollados por Brasil se centran en América Latina y África, regiones que tienen desafíos sociales y económicos similares, y están volcados a crear condiciones que permitan mejorar la vida de las sociedades.

El director de la ABC puso como ejemplo que el 21,86 por ciento de los proyectos que ese organismo estatal desarrolla con 31 países de América Latina y el Caribe y con otros 42 de África corresponden al sector agrícola.

En esa área Brasil se ha consolidado durante los últimos años como una "potencia mundial" y desarrolla sus propias tecnologías que, a través de la cooperación internacional, pone a disposición de otros países en desarrollo.

Farani explicó en la entrevista con Efe que uno de los principales proyectos de la ABC en la actualidad se desarrolla en Mozambique, con la participación de Japón, y apunta a hacer viable la actividad agrícola en las regiones de sabanas.

El modelo se basa en uno aplicado en la región que conoce como "cerrado", una sabana tropical que se extiende por la región central de Brasil y en la que, gracias a procesos tecnológicos y pese a la pobreza de la tierra, hoy se cultiva desde algodón hasta soja.

El director de la ABC sostuvo que si el proyecto en Mozambique tiene éxito, podrían aprovecharse unas 14.000 hectáreas de sabanas que tiene ese país, que pasaría a ser un importante productor de alimentos.

Incluso, esa experiencia pudiera ser aprovechada en otros países de África, un continente con cerca de 400.000 hectáreas de sabanas ociosas que en buena parte podrían ser volcadas a la agricultura.

La punta de lanza de esa cooperación agrícola con África y con América Latina es la Empresa Brasileña de Pesquisa Agropecuaria (Embrapa), una institución pública volcada a la investigación y la biotecnología, que ha ayudado a hacer de Brasil uno de los mayores productores mundiales de alimentos.

"Es una institución fuerte, que desarrolla tecnologías y procesos propios para las regiones tropicales", que son fácilmente adaptables en los países de América Latina y África, dijo Farani.

En ese mismo marco situó también a la Fundación Oswaldo Cruz, otro órgano público dedicado a la investigación en salud, un área que supone el 16,28 por ciento de los proyectos de la cooperación internacional promovida por Brasil.

La preocupación de la ABC con la vertiente social y económica de la cooperación, según explicó Farani, nace de la propia experiencia brasileña que, en la última década, le permitió al país sacar de la pobreza a cerca de 30 millones de personas.

"Brasil ahora puede ofrecer solución para los problemas que está resolviendo en lo interno y hacerlo con una base comprobada desde su propia experiencia, por lo que la cooperación se da en un plano de mayor igualdad y entre países que comparten los mismos desafíos para alcanzar el pleno desarrollo", declaró.