El argentino Gonzalo Tellechea cruzó el martes la meta del majestuoso Hyde Park londinense con la extrema fatiga de la prueba del triatlón marcada en el rostro, tras computar un tiempo de 1:51:07 que le valió el 38vo puesto en los Juegos Olímpicos de Londres.

Pero el nativo de San Juan, de 27 años, ya había recuperado la sonrisa minutos después en la zona de atención a la prensa. En una prueba dominada por los hermanos británicos Alistair y Jonathan Brownlee, primero y tercero, respectivamente, y el español Javier Gómez, segundo, Tellechea fue el tercer atleta latinoamericano en llegar, sólo detrás del mexicano Crisanto Grajales, 28vo, y el brasileño Reinaldo Colucci, 36to.

Tellechea, quien vio favorecidas sus opciones al dictaminarse el uso del neopreno para la prueba de natación, donde no es un especialista, sufrió una penalización de 15 segundos por desmontarse demasiado tarde de la bicicleta. Sin embargo, el argentino fue de menos a más en la carrera y acabó satisfecho de sus prestaciones.

"Cumplí con mis expectativas. Largué para ganar, como todos, pero la realidad es que hay mejores corredores y les felicito porque son muy buenos", resumió el atleta. "Sabía que la medalla estaba lejos, así que traté de hacer el mejor tiempo posible. Clasifiqué a los Juegos en el puesto 48 y mejoré diez posiciones, peleando incluso por quedar entre los 30 primeros. Es como para estar contento y feliz".

Definitivamente, estar contento, ser feliz, parece haberse convertido en el mantra de Tellechea desde que una tremenda tragedia familiar azotara su vida hace ocho años.

Fue el 28 de septiembre de 2004 cuando su padre, la persona que le había iniciado en el mundo del triatlón, se fue a trabajar y no regresó a casa nunca más. En un país marcado por la plaga de desaparecidos durante los años de dictadura y con profundas heridas aún por cicatrizar, el joven sanjuanino se encontró de pronto sin el referente paterno y con la necesidad de crecer mucho en poco tiempo.

El hoy atleta olímpico, que entonces contaba 18 años, tuvo que dejar de competir para afrontar una dura lucha judicial que esclareciera los hechos de una desaparición que, en el año 2012, sigue pendiente de resolverse.

"Mi papá es una persona desaparecida dentro de Argentina, pero en democracia, que es incluso un poco más duro. No lo tengo como un mal recuerdo, porque es la persona que me inició en esto, haciendo ciclismo de montaña, pero las circunstancias me dejaron fuera del deporte durante un tiempo", explica.

Tellechea, quien decidió retomar el triatlón "porque es lo que me hace feliz y mi padre hubiera querido que yo fuera feliz", dijo haberse acordado de su padre durante la prueba, que consideró tan dura a nivel físico como mental.

"Hay que estar muy lúcido y atento. Durante la carrera, por allí cuando iba flaqueando en el trote, pensé en todo lo que había hecho para estar acá. Dejé hasta lo que no tenía y llegué esprintando. Uno se apoya en uno mismo y los gritos de afuera, porque en esos momentos cualquier ayuda es buena. Pensé mucho en mi papá, en mi familia y la gente de todo San Juan que me apoyó en las buenas y en las malas. Los llevó muy adentro", relató.

Precisamente dos amigos de San Juan estuvieron apoyando a Tellechea estos días en Londres, donde el triatleta asegura haber gozado al máximo la experiencia olímpica.

"El objetivo era clasificar a los Juegos de (2016 en) Brasil, pero creo que la vida me ha devuelto aquellos años perdidos. Esto ha sido como un sueño después de lo que me tocó vivir. El otro día me saludó (el basquetbolista) Manu Ginóbili y también (el tenista) Juan Martín Del Potro. Me han dado un gran trato. Sólo espero que la gente haya disfrutado con mi carrera y mi resultado haya ayudado a popularizar un poco más el triatlón", acabó, sin perder su sonrisa.