Música y baile, lágrimas y risas. No hubo tiempo para dormir la noche del lunes en Pinar del Río, que festejó el oro olímpico del luchador Mijaín López y la plata de la saltadora con pértiga Yarisley Silva.

Candelaria y Cienfuegos, por su parte, se vistieron de gala para recibir a la campeona olímpica de judo Idalys Ortiz y la medallista de plata Yanet Bermoy.

"Nos conmovió bastante, imagínate, aquí la fiesta duró toda la noche, todo el pueblo vino a felicitar a la familia", contó Michel López, hermano de Mijaín.

Con voz ronca y dormida, López conversó con la AP el martes desde Herradura, pueblo de la provincia de Pinar del Río, a 150 kilómetros al oeste de la capital.

"Gritamos, luchamos con Mijaín. Cuando ganó fue la locura, comimos, bailamos, bebimos, una gran fiesta con este pueblo que ama a mi hermano como un ídolo", expresó Michel López, ex boxeador, medallista de bronce de los súper pesados en los Juegos Olímpicos de Atenas (2004).

Mijaín López doblegó al estón Heiki Nabby en la final de la división de los 120 kilos de la lucha grecorromana y retuvo el título olímpico que conquistó hace cuatro años en Beijing.

El padre Timoteo, los hermanos Michel, de 35 años, y Misael, de 37, primos, sobrinos, tíos además de los vecinos invadieron la casa de Mijaín en Herradura para presenciar la final olímpica.

"Antes del combate Mijaín nos llamó todos los días, sabíamos que se sentía bien y tranquilo, seguro de que nos daría otra vez este alegrón", comentó Michel López.

Después del triunfo el luchador de 30 años le dedicó la medalla a "mi pueblo de Herradura".

"Fue un momento indescriptible, un día olímpico extraordinario para Pinar del Río", manifestó Heriberto Suárez, director de deporte de esa provincia.

Suárez explicó que "compañeros, entrenadores, familiares y vecinos" se unieron a los López y a los Silva, para apoyarlos.

Silva, de 25 años, resultó la gran sorpresa de la pértiga en Londres, cuando logró 4.75 metros, la misma altura que la ganadora, la estadounidense Jennifer Suhr y un peldaño por delante de la favorita, la rusa Yelena Isinbayeva.

"Maravilloso, perfecto, algo muy grande para los pinareños", expresó María del Carmen García, ex saltadora de altura quien vibró delante de su televisor viendo a Silva.

"Yarisley es de una familia humilde, estoy feliz como todos aquí" agregó García quien precisó que en casa de los Silva no hay teléfono.

A pocos kilómetros al sureste de ahí, centenares de habitantes del pueblo de Candelaria, salieron a la calle el lunes para aplaudir el regreso de Idalys Ortiz, campeona olímpica de judo en la división de más de 78 kilos.

"La gente gritaba, algunos lloraban, otros bailaban, todos querían ver a Idalys montada en un jeep recorriendo las calles del pueblo con su medalla de oro", contó Teresita Martínez en comunicación telefónica.

Después, a ritmo de conga, baile popular cubano de origen africano, con alegría y ritmo sincopado, los habitantes colmaron el parque y rodearon la glorieta engalanado con flores, carteles y globos, donde Ortiz dijo algunas palabras.

Con voz emocionada, la campeona le dedicó el triunfo "a mi pueblo y a toda Cuba", señaló Martínez, en tanto la judoka de 22 años aseguró que entrenará "para defender mi corona en Río".

También se vistió de gala Cienfuegos, a 250 kilómetros al sureste de la capital cubana, para recibir a la judoka Yanet Bermoy, subcampeona olímpica de la categoría de menos de 52 kilos.

"Yanet es maravillosa como hija y espectacular como atleta", expresó Vivian Acosta, la mamá de Bermoy. "La tensión fue muy grande, cualquier cosa podía suceder", agregó.

La televisión cubana mostró a decenas de personas reunidas cerca de la casa de la familia Bermoy, vitorearon y aplaudiendo a la judoka.

"Esto es lo más grande", dijo una emocionada Bermoy, vestida con el traje deportivo de Cuba, mientras la gente que asistió al recibimiento la aplaudía, le regaló flores y diplomas.