Miles de fieles católicos aguardaron hoy durante horas a la intemperie, en pleno invierno austral, para acceder a la iglesia de San Cayetano de Buenos Aires y pedirle favores al patrón del Pan y del Trabajo.
Con espigas e imágenes de San Cayetano en la mano, los más devotos ingresaron en el templo, situado en el barrio porteño de Liniers, a medianoche, después de haber permanecido acampados en los alrededores de la iglesia durante días.
Es el caso de Rafael, el primero de la fila, quien declaró a medios locales que llegó "hace dos semanas para guardar el lugar" y esperar al resto de su familia.
Rafael, de 74 años, aseguró que visita la iglesia de Cayetano cada 7 de agosto desde 1968 y subrayó que, a su juicio, este año "hay menos gente que los anteriores, lo que demuestra que gracias a Dios ya no hay tanta necesidad", una observación compartida por otros asiduos a la festividad.
"Vengo para agradecer, porque gracias a Dios me ayudó a mí y a mis hijos", explica otra peregrina, que aguarda su turno mientras desde los altavoces suenan canciones folclóricas y religiosas y organizaciones de voluntarios reparten sándwiches y café.
Al oficiar la misa principal, el arzobispo Jorge Bergoglio pidió "indignarse contra la injusticia de que el pan y el trabajo no lleguen a todos" y recordó las desigualdades existentes en el país al afirmar que "podría alcanzar para todos, pero uno ve que no es así".
Bergoglio exhortó a los fieles a pedirle a San Cayetano que "nos convierta en personas que desean el bien para todos" y que "bendiga a nuestra patria con pan y trabajo".
Más de cien sacerdotes se reparten las misas programadas, una cada hora durante gran parte del día, mientras que, tanto dentro como fuera del templo, se realizan bendiciones de personas, llaves, imágenes y objetos religiosos, cada 15 minutos.
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