La obra de Jean Tinguely puede verse por primera vez en Latinoamérica, en una exposición en Buenos Aires, vertebrada por la "pasión por las máquinas" del artista suizo, quien satirizó la sociedad industrial.

"Yo soy Jean Tinguely" recorre toda su carrera a partir de un gran número de dibujos, cartas, fotografías, audiovisuales y algunas de las obras del artista nacido en Friburgo y cuya pasión por las máquinas y los artefactos le llegó a través del ámbito familiar.

"Tinguely amaba el mundo de las máquinas, su padre era un operario de fabrica y desde muy pequeño él estaba acostumbrado a ese mundo", explicó a Efe Virginia Fabri, comisaria de la muestra realizada específicamente para Buenos Aires en colaboración con el subdirector del Museo Tinguely de Basilea (Suiza), Andrés Pardey.

Para la curadora de la exposición, en el artista suizo se puede encontrar un "doble mensaje" respecto a las máquinas y a la industrialización: denuncia los "excesos de la sociedad de consumo" mientras reivindica la "humanidad" de esas máquinas.

Una muestra de esta humanización bien pueden ser algunas de sus obras más tardías, de la década de los ochenta, como las que llevan los nombres de los filósofos alemanes Martin Heidegger y Friedrich Engels, en las que el Tinguely (1925-1991) reflejó su afición por la filosofía en unas obras caracterizadas por el movimiento.

La interacción con las obras es uno de los principales atractivos de esta exposición, donde, con solo apretar un pulsador, los visitantes pueden hacer que las esculturas entren en acción, se muevan o sorprenden al espectador con ruidos que recuerdan, por ejemplo, al de una estación de tren.

Tinguely, según Fabri, disfrutaba de las sensaciones que despertaban las esculturas "interactivas" en su público, especialmente en los más pequeños, que para él eran "casi más importantes que los adultos", agregó la comisaria.

Estas máquinas eran fabricadas con componentes sacados de vertederos y áreas de desecho, que el mismo Tinguely rescataba y que dieron lugar a otro tipo de actividad artística, el denominado "arte autodestructivo", con el que el artista pretendía reflexionar acerca del consumismo.

La primera de estas obras autodestructivas, titulada "Homenaje a Nueva York", fue expuesta en 1960 en el Museo de Arte Moderno (MoMA) de la ciudad estadounidense, donde se autodestruyó en algo menos de media hora, un proceso que se puede contemplar en la muestra porteña gracias a materiales audiovisuales.

Con esta obra quería denunciar "todo lo que la gente va descartando sin conciencia, y justamente lo hizo en Estados Unidos, donde la sociedad era caracterizada como más consumista", explicó Fabri.

Junto a las obras, los dibujos de Tinguely, que eran "la antesala" de sus máquinas, según Fabri, y las postales que enviaba a otros artistas permiten reconstruir su carrera y su vida personal, marcada por su amistad con el artista francés Yves Klein y por su relación amorosa con la creadora francesa Niki de Saint Phalle.

Protagonista de acciones provocadoras, como la obra "Estudio para un Fin del Mundo II", en la que realizó una explosión cerca de un área de experimentación nuclear en Estados Unidos, o de un "Homenaje a Dalí" en el que hizo explotar un toro de plástico, Tinguely tenía un concepto de arte también relacionado con la política.

Para el suizo, el arte era una "actitud política, pero sin partido", mientras que volcaba su creatividad en la máquina como una reivindicación de sus valores más cercanos a lo humano, agregó la curadora de la muestra, que permanecerá en Buenos Aires hasta el 27 de septiembre.Miguel Ángel Moreno