Los equipos de emergencia reanudaron hoy las tareas de rescate en el norte de Filipinas tras las inundaciones y los aludes de tierra que, según los últimos datos, han causado 16 muertos.

El Gobierno anunció, asimismo, la reapertura de gran parte de los colegios y oficinas, cerrados ayer a causa de las riadas, aunque se mantiene la alerta ante el anuncio de nuevas lluvias por el servicio de meteorología PAGASA.

Las intensas precipitaciones, que no han cesado desde la noche del lunes, afectaron especialmente a la capital, que quedó colapsada con más de la mitad de sus calles bajo más de un metro de agua y barriadas enteras sumergidas por los corrimientos de tierra.

Unas 33.000 personas han dejado sus hogares por las inundaciones y aludes de tierra.

La mayoría de las víctimas mortales se han producido en el distrito de Quezon, a las afueras de Manila, donde los equipos de rescate retiraron de entre el lodo los cadáveres de nueve miembros de una misma familia, entre ellos un niño de dos meses, que quedaron sepultados por un desprendimiento de tierra.

Según el último boletín meteorológico, las lluvias continuarán cayendo de manera intensa en las próximas 24 horas en 14 provincias del norte del país, incluida Manila, y las condiciones climatológicas no comenzarán a mejorar hasta el jueves.

Entre 15 a 20 tifones alcanzan Filipinas cada año durante la estación lluviosa que, por lo general, comienza en mayo y concluye en noviembre.

Expertos de las agencias internacionales han identificado el chabolismo y la acumulación de basura en el alcantarillado del elevado número de víctimas que causan las lluvias monzónicas en Filipinas.