Los Juegos Olímpicos de Londres han llegado a su punto intermedio, y casi puedo oír la campana que marca la última vuelta, como si yo corriera una vez más en los olímpicos.

La meta parece todavía muy lejana, pero todo va mejor de lo que hubiera esperado cualquier miembro de mi equipo, si se toman en cuenta las predicciones catastrofistas de cara a este suceso, las cuales suelen constituir al parecer el ambiente previo a todos los Juegos.

NOTA A LOS EDITORES: Sebastian Coe, dos veces campeón olímpico de los 1.500 metros, encabezó el equipo que consiguió la candidatura de los Juegos Olímpicos para Londres, y ha pasado siete años como jefe del comité organizador del proyecto más ambicioso de Gran Bretaña en tiempos de paz. Aquí están sus puntos de vista sobre los Juegos, para cuya clausura resta menos de una semana.

La parte más satisfactoria en esta primera semana de los Juegos Olímpicos ha sido la retroalimentación de los atletas y funcionarios, quienes dicen que rara vez o nunca habían visto deportes tan bien presentados, con tan buena asistencia ni tan atractivos.

Al mirar por encima de mi hombro, sé que siempre surgirán problemas, pero si ahora seguimos adelante, hay buenas probabilidades de que podamos cruzar la meta en la ceremonia de clausura del domingo, luego de aportar una experiencia deportiva electrizante a los atletas del mundo.

La primera mitad de los Juegos Olímpicos ha sido un éxito espectacular que ha transformado al público británico, cauto de nacimiento, en una nación de animadores delirantes. Ha fascinado además a los visitantes, los espectadores y los periodistas extranjeros, que experimentan unos Juegos Olímpicos diseñados para dar un lugar preponderante al deporte y a los deportistas en Londres, con sus lugares emblemáticos en su mejor condición, con una hospitalidad entusiasta y un toque humano cálido.

Queríamos hacer unos Juegos para todos, y la nación entera ha respondido al abrazar las Olimpíadas en una forma que pocos creímos posible. El ciudadano común sin interés en el deporte se hace preguntas muy complejas sobre las reglas del keirin en el ciclismo o acerca de por qué la prueba de los tres días dura en realidad cuatro en la equitación. Los británicos en todas partes están pegados a sus pantallas de televisión, mirando deportes de los que antes apenas habían oído.

En los trenes y en el subterráneo, que llevan a las sedes, se percibe en los vagones la conversación emocionada sobre los Juegos Olímpicos.

Se han desmoronado las reservas tradicionales en el carácter de los británicos. Los extraños intercambian noticias sobre los Juegos Olímpicos y miran las pantallas portátiles que llevan otros para enterarse de los últimos sucesos. La otra noche, los voluntarios que daban instrucciones para que llegara a su destino la gente que volvía del Parque Olímpico intercambiaron palmadas con los viajantes en la estación de King's Cross.

Este es un lugar donde la mayor relación que puede tener uno normalmente con otro viajero es una mirada de disgusto cuando se roza accidentalmente su paraguas.

¿Cómo ocurrió esta transformación extraordinaria del público británico? No hay sino que ver ese relevo de la antorcha olímpica y esa ceremonia de inauguración.

Desde 10 semanas antes de que comenzaran los Juegos, la llama olímpica visitó prácticamente cada rincón de las Islas Británicas, pasando por cada lugar emblemático y bello que se pudiera imaginar, llevada por cada medio de transporte que se pueda concebir y en manos de portadores que generan inspiración, desde los discapacitados hasta las celebridades. Esto entusiasmó a la nación entera.

La ceremonia inaugural superó todas las expectativas. Durante años, se me dijo que no podríamos competir con la magia visual, inspiradora y asombrosa de los Juegos Olímpicos de Beijing. Siempre respondí que Londres haría algo diferente.

Si unes a Danny Boyle y a algunas de las mentes artísticas más prolíficas del mundo, ¿qué obtienes? Una celebración que te deja boquiabierto, con todo lo que es británico y que ha llevado la emoción a niveles febriles.

Si los observadores en el extranjero pudieron haberse perdido algunas de las referencias culturales y bromas locales, eso poco importó dentro de un espectáculo que hizo volar la mente. La ceremonia incorporó todas las cosas que más amamos de Gran Bretaña, un agudo sentido del humor, un amor por la excentricidad, una noción del juego limpio y un abrazo a la diversidad cultural.

Muchos de mis compatriotas me han dicho cuán orgullosos se sintieron de ser británicos esa noche. No es algo que sorprenda.

La parte central de todo fue la música, la música, la música. Medio siglo de lo mejor de Gran Bretaña, que nos recordó lo grandioso que es nuestro legado creativo.

Los Juegos Olímpicos se han transformado en el escenario global de los momentos más admirables y emocionantes del deporte, desde Jesse Owens, cuando se burló de las creencias de Hitler sobre la raza aria en Berlín 1936, hasta el 10 perfecto de Nadia Comaneci en Montreal. Londres aprovecha estos cimientos y aporta sus propios momentos de gloria deportiva.

Si cualquiera pensaba que el deporte podía ser una decepción, después del lanzamiento prodigioso que constituyó la ceremonia inaugural, es porque esa persona no había reflexionado en lo que puede ocurrir cuando los atletas mejor preparados del mundo se encuentran con el público más entusiasta.

Los Juegos parecen haber capturado la atención de todo el mundo, pero lo más satisfactorio ha sido la retroalimentación de los atletas y jefes de delegaciones, quienes han dicho que nunca han visto deportes tan bien presentados, con tan buena asistencia o tan convincentes.

Los británicos han clamado por obtener boletos para ver cualquier parte de la acción, desde las preliminares de judo hasta la final de los 100 metros para hombres en el Estadio Olímpico.

¿Ha sido todo color de rosa? Desde luego que no. Con algo de esta magnitud, no todo saldrá absolutamente perfecto desde el primer día. Pero no ha habido algo cercano al caos que muchos predecían, lo que constituye un testimonio de años de planificación detallada y del compromiso de miles de personas en la ciudad y el mundo. Ha habido problemas — algunas jugadoras de bádminton trataron de perder partidos, hubo un par de trampas de dopaje — pero nada que pueda romper el sueño.

¿Podría salir todo mal en esta última semana? Bueno, sí. Los Juegos están siempre a merced de un problema grave de seguridad, de un percance en el transporte que cause parálisis, de las malas condiciones meteorológicas o de un escándalo inesperado.

Pero mientras oigo la campana, me mantengo optimista y miro al frente. Hay todavía camino por recorrer y nuestra meta será prevenir que cualquier insuficiencia de nuestra parte tenga un impacto en el desempeño de los atletas.

Las multitudes nutridas y ruidosas me han llevado a llamar a éstos los Juegos de la Gente, pero realmente han sido diseñados desde el comienzo, hace casi una década, para los atletas que llevan el deporte en el corazón. Son los Juegos de los Atletas.

Quiero mirar a cada deportista a los ojos, al final de la próxima semana, y decir por ellos que su desempeño fue únicamente el resultado de sus propios esfuerzos y preparación, y que los organizadores proporcionaron la plataforma para dar su mejor actuación.