Muchos detractores del presidente Hugo Chávez recelan que esté garantizado el secreto del voto en Venezuela, particularmente en los comicios presidenciales de octubre cuando se utilizarán por primera vez maquinas de votación que serán activadas por un dispositivo lector de huellas digitales.

Paradójicamente, empero, uno de los mayores defensores del sistema es la coalición que apoya al principal contendor de Chávez, Henrique Capriles: temerosa de que una alta abstención atente contra sus posibilidades de triunfar el 7 de octubre, ésta insiste que el mecanismo de voto es justo y digno de confianza.

"Aunque el voto era secreto antes de Chávez, uno podía decir sin temor por quién votó, ahora por las amenazas y la discriminación pocos nos atrevemos a decirlo, sobre todos los que dependen de un trámite o trabajito en el gobierno", dijo Jacqueline Rivas, una ama de casa de 46 años, quien admitió que tenía sospechas sobre las máquinas.

"Si la huella pone a funcionar la máquina (de votación), ¿cómo uno sabe que no queda grabado por quién votó?", añadió.

Sin embargo, los pocos venezolanos que el domingo se dieron un tiempo para participar en un ensayo de las elecciones de octubre organizado por el Poder Electoral para verificar el funcionamiento de las captahuellas y el computador que unidos forman la máquina de votación venezolana, opinan distinto y confían en el sistema.

Orlando Blanco, que estuvo entre los primeros en participar en el ensayo, después de votar dijo a The Associated Press que "me parece que todo es muy transparente, me chequearon (revisaron) dos veces...lo veo muy transparente, no me parece que vaya a ser objeto de alguna infracción".

El moderno sistema venezolano se ha ido perfeccionando desde el 2004, cuando se eliminó por ley la votación manual.

"No se puede saber por quien votamos, eso es lo más importante. Es mentira que si uno marca la huella le van a ver el voto, eso es falso", aseguró Raisa Solorza.

Es probable que quienes desconfían del sistema optaron por no acudir a los centro electorales habilitados el domingo.

La máquina tiene unos 25 centímetros de largo por unos 15 de ancho, es de color blanco y sus teclas son negras.

La desconfianza se extiende a los directores del Consejo Nacional Electoral, CNE, quienes en su mayoría provienen de las filas del oficialismo. Se ha acusado a Chávez de copar las instituciones como el Tribunal Supremo, el organismo electoral y la Fiscalía con funcionarios leales a su gobierno; así como de ejercer una influencia indebida en el poder judicial y utilizarlo para combatir a sus adversarios, cargos que niega el mandatario.

Los detractores del presidente también se quejan que el consejo no toma medidas para limitar el uso frecuente de Chávez de las "cadenas", que obligan a todas las televisoras y radios locales a interrumpir sus programas y transmitir los discursos del mandatario, que suelen prolongarse por varias horas, en los que resalta su gestión y suele descalificar a los opositores.

La ley que limita la difusión de mensajes electorales pagados a un máximo de tres minutos diarios no se aplica a las "cadenas", que son prerrogativa del gobierno.

Las autoridades electorales rechazan las denuncias de que el sistema sea susceptible a manipulaciones y no garantice el secreto del voto; pero a la par parecen animar ese recelo en una campaña institucional donde afirman que el funcionamiento de las maquinas es "indivisible".

Eso aviva las preocupaciones acerca de que es posible compaginar el voto con la identidad del elector y que esos registros puedan ser usados posteriormente para discriminar y castigar a los que voten en contra de Chávez, que asumió el mando en 1999 y busca una tercera reelección para alargar su mandato al menos hasta el 2018.

Sin embargo, la presidenta de la comisión electoral del bloque opositor, Teresa Albanes, afirmó que las críticas al sistema electoral vienen principalmente de "sectores radicales que no creen que se pueda salir del señor presidente por la vía electoral y alimentan las dudas de que hay algo irregular en el sistema electoral".

"Más allá del sistema automatizado y otros factores, no tenemos ninguna duda de que si tenemos una abstención baja y presencia de testigos en todas las mesas electorales vamos a ganar", expresó.

El proceso electotal venezolano funciona de la siguiente manera: el elector entrega en su mesa la cédula de identidad cuyo número es marcado en la captahuellas, la que muestra su nombre en una diminuta pantalla, y enseguida el votante pone un pulgar en la lectora de huellas y al encenderse una luz, está listo para votar.

Seguidamente se traslada a un escritorio, cubierto por el frente con un cartón para que su voto sea secreto: allí hay dos máquinas, la de la izquierda es un gran rectángulo donde aparecen una especie de naipes con la figura de los candidatos --el domingo se veían los logos de disciplinas deportivas-- y una de ellas debe ser presionada por el votante.

La figura aparece iluminada en una máquina ubicada al lado derecho, que le pregunta por escrito si es por ese candidato por quien desea votar. Ante una respuesta afirmativa, se presiona el botón respectivo, se escucha un pito y luego, además, se imprime en un pequeño papel el sufragio, que después es introducido en una urna sellada ubicada sobre otra mesa.

Ahora el votante firma un registro donde aparece su nombre y pone encima su pulgar entintado, y sobre ambos un funcionario estampa un timbre. Por último, en otra mesa, se le entinta el índice con una tinta indeleble, para evitar que vuelva a votar.

Aunque hasta después el mediodía no eran muchos los electores que acudieron al Liceo Andrés Bello, uno de los centros habilitados en Caracas, los funcionarios a cargo de las mesas de sufragio, los responsables de una primera identificación del votante para asegurarse que está en el lugar correcto y hasta los soldados responsables de vigilar los recintos, funcionaban como si fuera el día de las elecciones.

Algunos venezolanos temen que se repitan acciones de persecución política como las denunciadas luego de que se hizo pública una lista con firmantes del pedido de un referendo para recortar el mandato de Chávez en el 2004.

Cientos de personas denunciaron que tras aparecer en la llamada "Lista Tascón" fueron despedidos de sus cargo en empresas públicas y se les impidió contratar con el Estado.

En abril del 2005, Chávez admitió la existencia de la referida lista y ordenó a sus seguidores "olviden la lista de firmantes de (el ahora fallecido ex diputado) Luis Tascón, entierren los datos de quienes apoyaban un revocatorio".

Las dudas sobre la imparcialidad de las autoridades electorales se viene profundizando desde el 2000, año en que se renovaron todos los poderes en el marco de la nueva constitución de 1999.

"Haciendo uso abusivo de su mayoría en la Asamblea (Nacional), aquí se ha venido nombrando a dedo desde los miembros del Tribunal Supremo de Justicia hasta los directores del CNE", dijo el secretario general del partido opositor AD, Henry Ramos Allup.

"El hecho que una mayoría de los rectores (del CNE) representan a un sector no da tranquilidad ni garantiza la más elemental imparcialidad que requiere cualquier elección popular", agregó.

También algunos dudan de la imparcialidad del poder judicial para dirimir cualquier disputa electoral.

La desconfianza en el CNE se nutre además del hecho que el actual jefe de campaña del mandatario y alcalde de Caracas, Jorge Rodríguez, era el presidente de ese organismo en el 2006, cuando Chávez buscó la reelección por segunda vez.

En la presidencia del CNE, Rodríguez fue blanco permanente de las críticas de grupos opositores, que lo acusaron de ser parcial hacia Chávez. El funcionario dijo entonces que las denuncias eran "falsas" y tenían el propósito de desacreditar el sistema electoral.

Las elecciones legislativas de diciembre del 2005, organizada durante la gestión de Rodríguez, fueron manchadas por el retiro de los principales partidos opositores que argumentaron falta de transparencia en el proceso. En consecuencia, los aliados al presidente Chávez lograron la totalidad de los 167 escaños de la Asamblea Nacional.

En diciembre del 2006, Chávez fue reelegido por abrumadora mayoría para gobernar el país hasta el 2013 y un mes después de su reelección, el gobernante anunció la designación de Rodríguez como su nuevo vicepresidente, cargo que dejó en el 2008 para postularse como alcalde en uno de los cinco municipios capitalinos.

Tibisay Lucena, presidenta del Consejo y otrora estrecha colaboradora de Rodríguez, recalcó recientemente que "el proceso electoral venezolano es uno de los más auditados del mundo... tenemos controles que hace imposible cualquier intento de vulnerar la voluntad popular".

Los comicios venezolanos, aunque son 100% automatizados, contemplan el conteo manual del 54% de las papeletas que expiden las maquinas registradoras de votos electrónicos, y mediante un sorteo estos son comparados con los resultados electrónicamente transmitidos.

Lucena también rechazó la posibilidad de que se pueda violar el secreto del voto por vía de las máquinas lectoras de huellas.

Un puñado de voces en la oposición y algunos activistas de los derechos políticos advierten sobre otras anomalías.

El CNE adoptó medidas para que también puedan votar aquellas personas cuyas huellas sean rechazadas o presenten problemas de lectura.

El 7 de octubre se habilitarán 39.322 mesas electorales, en 13.810 centros de votación. Los venezolanos habilitados para sufragar son 18.903.143.

Tania D'Amelio, miembro del directorio del CNE, admitió que "casi dos millones de personas han tenido inconvenientes con las huellas", por lo que se dispuso hasta el 22 de julio un operativo para atender en varias regiones del país a las personas afectadas y "sanear los registros dactilares".

Alfredo Weil, ex director general de sistemas electorales del organismo comicial venezolano, dijo a la AP que la oposición "necesita abordar todos esos problemas en el sistema electoral", pero "evita discutirlo por temor a que la gente se vaya a abstener".

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