Gobernado hoy por la antigua guerrilla FMLN, El Salvador afronta una crisis institucional, la violencia y un débil crecimiento económico, 25 años después del Acuerdo Esquipulas II que sentó las bases para el fin de la guerra civil.

Los presidentes de Centroamérica suscribieron el acuerdo el 7 de agosto de 1987 en Esquipulas (Guatemala) y casi cinco años más tarde El Salvador firmó sus propios convenios de paz, cuya brecha abrieron varios procesos fallidos en la década de 1980.

El Gobierno salvadoreño y la entonces guerrilla del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), ahora partido en el poder, firmaron los Acuerdos de Paz el 16 de enero de 1992 en México, tras un duro proceso de negociación tutelado por la ONU y con un amplio respaldo internacional.

Se puso fin así a una guerra civil que desde 1980 dejó unos 75.000 muertos, 8.000 desaparecidos y 12.000 lisiados, según datos oficiales.

Los esfuerzos salvadoreños por alcanzar la paz fueron paralelos a las gestiones diplomáticas internacionales por apagar la hoguera en la que se había convertido Centroamérica, en el marco de la Guerra Fría, por los conflictos en El Salvador, Guatemala y Nicaragua, que afectaban también a Honduras y Costa Rica.

Fue el Gobierno del ya fallecido José Napoleón Duarte (1984-1989), del Partido Demócrata Cristiano, el que dio los primeros pasos por alcanzar un acuerdo con el FMLN, fundado por cinco organizaciones izquierdistas en 1980.

Sin embargo, los dos procesos de diálogo abiertos por Duarte y el FMLN en 1984 y 1986, y varios intentos más, quedaron frustrados.

Esquipulas II creó en 1987 el "Procedimiento para establecer una paz firme y duradera en Centroamérica", que dio el impulso final para acabar con los conflictos en la región.

En El Salvador, sin embargo, pasaron varios años y nuevos intentos de negociación hasta que fructificaron en el Gobierno de Alfredo Cristiani (1989-1994), de la derechista Alianza Republicana Nacionalista (ARENA).

Los Acuerdos de Paz de 1992 acallaron los fusiles y dieron paso a una serie de reformas encaminadas a la pacificación y la apertura política en El Salvador, entre ellas la conversión del FMLN en partido, lo que se concretó aquel mismo año.

El FMLN llegó al poder por primera vez en el 2009, cuando llevó a la Presidencia del país al periodista Mauricio Funes, con mandato hasta 2014, y acabó con 20 años consecutivos de gobiernos del ARENA.

El enviado de Naciones Unidas al vigésimo aniversario de los Acuerdos de Paz, Anders Kompass, destacó el 16 de enero pasado en un acto oficial el logro de El Salvador, pero también señaló que las causas profundas de la guerra siguen vigentes.

"La transición democrática de El Salvador sigue siendo ejemplo e inspiración para otras naciones que sufren conflictos violentos", subrayó Kompass, quien fue consultor de Naciones Unidas durante las negociaciones y su representante en el país en 1993-1995.

Pero "la consolidación de la paz es un proceso de largo plazo" y para alcanzarla "se requiere abordar las causas profundas del conflicto", advirtió, y señaló como una de ellas la desigualdad socio-económica.

El canciller salvadoreño, Hugo Martínez, ha calificado el proceso de paz de su país como "un modelo exitoso de resolución de conflictos".

"El pacto no solo silenció las armas, sino que sentó las bases para el establecimiento del sistema democrático del que hoy gozamos", ha dicho Martínez.

Empero, hoy la democracia salvadoreña atraviesa por una crisis institucional entre los poderes Legislativo y Judicial, que ya lleva dos meses, por la anulación de las elecciones de magistrados y que enfrenta al FMLN y ARENA en el plano político.

La crisis ha derivado en el surgimiento de dos cortes supremas de justicia, entre otras complicaciones.

Un diálogo político con la mediación de Funes ha logrado algunos avances, aunque no parece estar cerca el fin de la crisis, que también amenaza la ayuda internacional para el país, especialmente de Estados Unidos.

Como otros países de la región, El Salvador heredó de la guerra gran cantidad de armamento que ha contribuido a elevar sus índices de violencia.

Una tregua entre las principales pandillas que operan en el país ha disminuido los homicidios de 14 a alrededor de cinco en promedio diario desde marzo pasado, según las autoridades salvadoreñas, que admiten que la sostenibilidad de ese pacto es una incógnita.

Por otro parte, la economía salvadoreña tampoco atraviesa buenos momentos: apenas creció en 1,5 por ciento en 2011 y el Gobierno teme que este año también alcance entre uno y dos por ciento.

Ese panorama podría agravarse a causa la fuerte sequía que azota a Estados Unidos y que, según economistas internacionales, repercutirá en un alza importante de los alimentos en Centroamérica.