Félix Sánchez dejó boquiabierto a todos.

En sus cuartos Juegos Olímpicos y a punto de cumplir 35 años, el dominicano avanzó el sábado a la final de los 400 metros con vallas tras ganar su serie con la mejor marca de la temporada: 47.76.

Dominó su semifinal con absoluta autoridad e incluso se dejó llevar en los últimos metros para reservar fuerzas de cara a la final del lunes.

"Sólo quería ganar la serie. El tiempo no me importaba", dijo Sánchez. "Pero he demostrado al mundo que estoy de regreso".

Londres son los cuartos y últimos Juegos para Sánchez, quien participó por primera vez en Sydney 2000, donde no superó las semifinales. Dos veces campeón del mundo en 2001 y 2003, coronó su dominio de la distancia con el oro olímpico en Atenas 2004.

Entre 2001 y 2004, Sánchez llegó a encadenar 43 victorias consecutivas.

En Beijing no superó las series preliminares y se venía especulando con su retirada desde hace un tiempo. Pero la demostración de fuerza en Londres vuelve a situarlo con claras opciones de medalla.

"Estoy un poco sorprendido con el tiempo", admitió. "He tenido muchos años que estaba lesionado, llegué a campeonatos fuera de forma, pero ahora me siento bien. La velocidad está ahí y la técnica esta ahí".

"Lo que hice hoy ya no importa, hay que correr más rápido en la final y llegar con mucha fuerza", añadió.

Hijo de dominicanos que emigraron a Estados Unidos, Sánchez nació en Nueva York en 1977. Su idilio con el deporte empezó pronto.

Su verdadero sueño siempre fue jugar el béisbol en las Grandes Ligas, hasta que por esas ironías del destino una fractura en la muñeca le apartó definitivamente de la pelota. Su entrenador le animó a probar suerte en el atletismo.

No se equivocaba.

Empezó como velocista, hasta que finalmente encontró acomodo en la distancia que le hizo famoso: los 400 metros con vallas.

"Tuve que aprender a amar este deporte, pero una vez me entró el gusanillo, le estoy dando lo mejor de mí", afirmó.

Atleta carismático, Sánchez nunca pasa desapercibido en la pista. Entre 2000 y 2004, lució una llamativa muñequera de luces en sus carreras.

Fue un regalo que un atleta le dio en la clausura de Sydney. Para Sánchez se convirtió en un amuleto motivador. Un recordatario, dijo, de su mala actuación en aquellos Juegos.

Después de su victoria en Atenas, Sánchez donó la pulsera a la Federación Internacional de Atletismo, que la subastó en 2005 con fines benéficos.