Los paisajes de la pintora española Menchu Gal desembarcan hoy en una exposición en Nueva York, en la que se muestra la trayectoria de esta artista que brilló en un mundo de hombres y que, a lo largo de siete décadas, creó un mundo de fantasía en el que todo es posible.

La exposición "Menchu Gal. Un espíritu libre" se inaugura hoy en el Instituto Cervantes de la Gran Manzana, donde permanecerá abierta hasta el 25 de agosto, exhibiendo una treintena de obras de la pintora vasca (1919-2008) que son ejemplo de su pasión por el género paisajístico.

Las obras de Gal "permiten al espectador conectar con la calidez de sus interiores y percibir el olor de la sal en sus marismas, esos fragmentos de realidad donde se siente el latido de la vida", afirmaron los organizadores de la exposición, promovida por el Instituto Valenciano de Arte Moderno, en un comunicado.

La muestra se centra en los paisajes que Gal pintó entre las décadas de 1940 y 1970, especialmente el castellano, que constituyó una fuente de inspiración permanente en la carrera de la pintora irunesa.

Así, la artista dijo en una ocasión que fue el también pintor español Benjamín Palencia el que le enseñó "a ver ese paisaje", ya que "descubrió una forma de pintar esa Castilla difícil y árida de siempre" de modo que resultara "alegre, viva e incluso colorista", lo que ella considera como una "visión nueva" que le "subyugó".

Este descubrimiento le influyó profundamente en su manera de recrear la tierra castellana, a base de superficies planas de vivos colores que conectan con el movimiento fauvista, al que tuvo la oportunidad de aproximarse durante sus años de formación en París.

Sin embargo, Gal, la primera mujer en ganar el Premio Nacional de Pintura de España en 1959, también recibió en su dilatada carrera otras corrientes pictóricas del siglo XX, como el expresionismo y el cubismo, y en su obra pueden encontrarse huellas de Vincent Van Gogh, Henri Matisse, Paul Cezanne o Pierre-Auguste Renoir.

Además del paisajístico, Gal cultivó otros géneros, principalmente el retrato y el bodegón, utilizando técnicas como el óleo, el dibujo o la acuarela.

La artista protagonizó a lo largo de su vida 70 exposiciones individuales y participó en 232 colectivas, 19 de ellas en el extranjero, como en la Bienal de Venecia, donde representó a España en tres ocasiones.