Los extremistas islamistas que ocupan el norte de Mali, una tercera parte del territorio del país, son una amenaza para la seguridad de toda África occidental y la crisis que han provocado puede tener "implicaciones globales", afirmó hoy el alto comisionado de la ONU para los Refugiados, Antonio Guterres.

La crisis política en Mali estalló en marzo con la rebelión del grupo independentista tuareg Movimiento Nacional de Liberación de Azawad (MNLA), una situación que fue aprovechada por facciones más radicales islamistas y entidades terroristas vinculadas a Al Qaeda que se hicieron con el control total de las tres regiones del norte e instauraron allí la "sharia" (ley islámica).

En una rueda de prensa a su regreso de un viaje a Burkina Faso para visitar campamentos de refugiados malienses, Guterres explicó que la situación en Mali es una amenaza también para otros países por la implicación de exmilitares y milicianos que lucharon el año pasado en Libia a favor del régimen de Muamar Al Gadafi y que cuentan con armamento pesado.

Asimismo, relacionó la naturaleza islamista de este conflicto con los conflictos internos que tienen lugar en Yemen y Somalia.

A ello se suma que en el conflicto de Mali hay una multitud de actores: rebeldes de la etnia tuareg, grupos islamistas, combatientes llegados desde Somalia y Afganistán, así como los países vecinos -Mauritania, Níger y Burkina Faso, particularmente- que mantienen sus fronteras abiertas para los refugiados.

Estos últimos han llegado a 260.000, según Guterres, que cifró en otros 200.000 los desplazados internos debido al conflicto y a una situación de sequía que provocó en los últimos meses una falta de alimentos generalizada en el Sahel, región a la que pertenece Mali.

En la conferencia de prensa de Guterres compareció también la secretaria adjunta (viceministra) de Estados Unidos para Población, Refugiados y Migración, Anne Richard, quien afirmó que su país privilegia "los canales diplomáticos" en la búsqueda de una solución para Mali.

Ambos dijeron que para ello se necesita la formación de un gobierno de unidad nacional que se erija como un interlocutor válido.

La representante estadounidense declinó pronunciarse sobre la posibilidad de que Washington pueda proveer de ayuda militar a las futuras autoridades malienses para enfrentarse y expulsar a las fuerzas islamistas de su territorio.

Sobre la situación humana, Guterres la consideró crítica debido a la poca financiación internacional para las agencias de ayuda que trabajan en el terreno.

"Pido a la comunidad internacional que se una y ayude al pueblo de Mali y a sus refugiados en países vecinos", declaró el alto comisionado de la ONU.

Agregó que por el momento los países que reciben refugiados de Mali salen adelante en parte gracias a la actual temporada de lluvias, pero advirtió de que una vez que ésta concluya habrá menos alimentos.

Esto afectará no sólo a los refugiados y comunidades de acogida, sino también al ganado con el que los primeros han podido cruzar las fronteras y que totalizan unos 200.000 ejemplares.

Guterres dijo que el ACNUR se prepara ya para una nueva emergencia en Mali en caso de que los combates se reanuden -si el Ejército intenta recuperar el control del norte- y de un nuevo periodo de carencia de alimentos, que podría derivar en una situación de hambruna en la temporada seca.