China está apremiando a algunos de sus musulmanes para que abandonen el tradicional ayuno religioso del Ramadán, alegando motivos de salud, pero algunos críticos consideran que es una campaña temeraria por marginar a esta minoría.

Varios gobiernos de ciudades, municipios y pueblos de la región de Xinjiang, en el extremo occidental del país, han colocado avisos en sus páginas de internet en los que prohiben o desalientan el ayuno del período religioso del Ramadán entre miembros del Partido Comunista, servidores públicos, estudiantes y profesores.

Como parte del Ramadán, muchos musulmanes en el mundo se abstienen de tomar alimentos y agua del alba al ocaso durante 30 días.

La portavoz del gobierno regional, Hou Hanmin, dijo — citada el viernes por el periódico estatal Global Times — que las autoridades alientan a las personas a "comer apropiadamente para estudiar y trabajar", pero que no fuerzan a nadie para que coma durante el Ramadán.

El grupo étnico Uigur que es tradicionalmente musulmán radica en Xinjiang. Un viejo resentimiento entre los uigures sobre el predominio de la etnia mayoritaria en China, Han, y el ingreso de inmigrantes han desatado esporádicos incidentes de violencia étnica.

Quienes están familiarizados con la región dicen que los intentos chinos de restringir la participación de los musulmanes en el Ramadán no son nuevos, pero que la campaña de este año es más intensa.

Hay "un esfuerzo mucho más público y concertado" este año que en años anteriores y en algunos casos los líderes del Partido Comunista están entregando alimentos a los ancianos de los poblados para tratar de persuadirlos para que abandonen su ayuno, de acuerdo con Dru Gladney, profesor de Antropología en la universidad Pomona College en California y experto en minorías musulmanas de China.

"Creo que es un esfuerzo equivocado para tratar de marginar a los uigures y creo que será contraproducente", dijo Gladney. "Esto hará que los uigures se enfurezcan aún más durante la festividad por no cumplir con sus costumbres religiosas".

En Xinjiang reina el estado de ánimo separatista. Algunos uigures abogan por la rebelión armada. Un grupo menor se ha radicalizado debido a los llamados de milicianos para emprender una guerra santa musulmana y han entrenado en campamentos al otro lado de las fronteras con Afganistán y Pakistán.