La polifacética iraní Marjane Satrapi podría rodar "Persépolis" en serie, hasta la extenuación, y repetir la exitosa fórmula de denuncia social y cine de animación que le valió el reconocimiento mundial, pero asegura que no le merece la pena cambiar su libertad artística por dinero.

"Ya no hago libros de cómic. Era muy feliz, pero llegó un momento en el que sabía cómo hacer que un cómic funcionase. Si hoy hiciera 'Persépolis 5' sacaría un millón de euros. Pero el éxito está en hacer lo que quieres", comentó en una entrevista con Efe Satrapi, que estrena en España "Pollo con ciruelas".

Ese planteamiento responde a su necesidad vital de reinventarse en cada proyecto, explica a borbotones la iraní mientras encadena un cigarrillo tras otro en un café de París, ciudad en la que reside.

"No quiero hacer la misma película 125 veces, como un banquero que juega con el dinero", subraya Satrapi (Rasht, 1969), que no se siente legitimada para volver a escribir sobre la falta de libertad en su Irán natal, país al que no ha regresado desde hace doce años.

"Por supuesto que puedo ir a Irán. Lo que no es seguro es que pueda volver, ese es el problema, por eso no me arriesgo. Nadie me ha enviado una carta diciendo: 'no vuelvas a tu país', pero ves la situación hoy en día, en la que gente que dice lo que yo termina en la cárcel, y piensas que quizá no es una buena idea", confiesa.

Dice que no es nacionalista, pero esa distancia geográfica con su tierra natal la inunda de nostalgia porque "el azul del cielo no es igual en todas partes y el sol no brilla igual en todos lados".

Sin embargo, no quiere dar lecciones sobre cómo combatir al sistema iraní porque tras más de una década sin regresar no se considera autorizada para contar "lo que pasa y cuáles son los problemas de los jóvenes", señala.

"Las cosas han cambiado y no he estado allí. Tengo que aceptarlo. Aunque tenga melancolía o nostalgia, tengo que ser suficientemente elegante como para guardármelo para mí misma", resume la creadora, qué sí desliza un consejo: no perder la sonrisa ante los opresores.

"Todas las dictaduras quieren dañar el alma de las personas. Si te mantienes firme y tienes una gran sonrisa quiere decir que has tenido éxito y ellos no. Eso es lo más importante", destaca.

Aún así, los nexos con Irán siguen presentes en su nuevo trabajo, en el que la disidencia ha dejado paso a la ternura y las ansias de libertad a la tragedia, en una cinta codirigida por Vincent Paronnaud en la que han participado actores como Mathieu Amalric, Maria de Medeiros, Jamel Debbouze o Chiara Mastroianni.

En una hora y media, Satrapi reinterpreta una vieja historia familiar sobre un celebrado violinista de finales de la década de los cincuenta que se abandonó hasta la muerte en Teherán, después de que su esposa destrozara su amado instrumento.

"No quería hacer una historia política, sino de amor. Quería hablar sobre la crisis existencial de un hombre. Es el momento de poner al hombre en el centro de las cosas. Hablamos de todo menos del propio ser humano", dice Satrapi sobre su segunda película, basada en su homónimo cómic.

Se trata, a su juicio, de una cinta de más calado del que sugiere en un primer nivel, en la que se analiza la crueldad, el amor o la devoción.

"Profundidad no significa que tengas que poner a alguien en una cocina con una luz muy fea mientras todos sufren y tienen crisis. Es más elegante desarrollar una bonita historia y hacerte preguntas", continúa Satrapi.

"Pollo con ciruelas" es una narración trágica que no lleva a engaño, pues desde el inicio del metraje el espectador sabe que va a recorrer los últimos días de un músico desencantado con el mundo y privado de amor.

"¿Conoces alguna historia de amor que haya pasado a la historia y que no sea triste? Si Romeo y Julieta se hubieran casado y hubieran tenido doce hijos con mocos en la nariz (...), ¿crees que Shakespeare hubiera escrito la historia?", plantea la cineasta.

Con el mismo nervio con el que habla, aplicado a la creación, explica que ultima, entre otras, un cinta que se titulará "Las Jotas" y que ha rodado en España. En paralelo, prepara también una exposición de pintura y esboza nuevos proyectos, basándose en un apetito multidisciplinar y libérrimo que sustituye a la falta de seguridad en su negocio, dice.

"Hacer películas o proyectos artísticos es complicado. No tienes estabilidad económica, vacaciones pagadas, pensión... Si no tienes seguridad, al menos tienes que tener libertad, porque no puedes perderlo todo", dice.

Según sus cuentas, le quedan como mucho 30 años en activo, si es positiva, porque fuma y hace otras "cosas que no debería de hacer". De ahí que le resulte crucial acertar al elegir en qué empresa embarcarse.

"Cada película me lleva tres años (..). Me quedan diez proyectos. ¿Crees que puedo joderla repitiéndome a mí misma?", lanza Satrapi. Javier Albisu