Jerusalén, una ciudad habituada al conservadurismo por albergar lugares santos para las tres religiones monoteístas, se tiñó hoy con los colores del arco iris con motivo del décimo aniversario de la Marcha Gay.

Varios miles de miembros de la comunidad de homosexuales, lesbianas y transexuales se concentraron esta tarde en un céntrico parque de la ciudad para conmemorar un evento al que la población jerosolomitana parece hoy más acostumbrada, pero que hace diez años fue una auténtica batalla contra la ultraortodoxia.

"Esta es una oportunidad para pensar en todos los cambios que se han producido en Jerusalén estos últimos diez años", dijo Elinor Sidi, presidenta de la Open House, una de las instituciones que reúne a la comunidad.

Según la activista, en la ciudad ya no se producen ataques físicos ni la incitación de 2005 o 2006, pero "a pesar de los cambios, aún hay mucho por hacer", declaró a la edición electrónica del diario Yediot Aharonot.

Vestidos con coloridos atuendos los participantes marcharon, bajo un gran despliegue policial, desde el Parque de la Independencia hasta el de la Campana, donde rápidamente los discursos dieron paso a una gran fiesta.

Un globo aerostático con cámaras siguió el evento desde el aire por temor a que extremistas de la comunidad judía ultraortodoxa tratara de sabotearlo, como ocurrió hace varios años.

Sidi explicó que el vasto despliegue policial respondía a una política preventiva, pero que no había ninguna amenaza concreta.

En su mensaje a los participantes, la activista se refirió a los avances que la comunidad ha realizado en la ciudad estos últimos años que, a su juicio, no significan sin embargo que "hayan normalizado" su vida con el resto de la población.

"Hay todavía algunos actos de violencia por el rechazo (de la gente), aún es más difícil ser homosexual o lesbiana en Jerusalén que en Tel Aviv y Haifa", subrayó sobre dos ciudades mucho más liberales y donde la alcaldía participa en los gastos de este tipo de marchas.

Portavoces de la comunidad ultraortodoxa expresaron estos últimos días su rechazo a su celebración en Jerusalén porque consideran que la marcha "contamina" la ciudad.

La ley religiosa judía describe la homosexualidad como una "abominación".