Si de superación personal hablamos, el caso de la pesista ecuatoriana Rosa Tenorio Silva es un ejemplo de que cuando se quiere, se puede.

Con apenas 15 años de edad, la oriunda de Guayaquil perdió a su padre al ser asesinado en una gresca callejera. Inmediatamente, su mundo cambió porque al mismo tiempo tuvo que comenzar a encargarse del sustento de su familia.

La mesada de 100 dólares mensuales que le otorgaba la federación deportiva de Guayaquil pasó a ser el principal ingreso de la familia conformada por su madre y sus otros tres hermanos.

Pero la tragedia siguió persiguiendo a la atleta, pues seis años después de la muerte de su padre, uno de sus hermanos fue arrollado por un autobús, evento que casi la saca del deporte.

"Estar aquí en los Olímpicos es para mi mamá, mis hermanos, mi padre. Esto es para ellos", dijo Tenorio el miércoles a The Associated Press luego de su jornada de levantamientos.

Su actuación del Grupo B en la categoría de los 69 kilos femeninos, sin embargo, no cumplió con las expectativas que tenía para sus levantamientos.

Terminó con 95 kilos en arranque y 115 kilos en envión para sumar 220 kilos, por debajo de sus cálculos.

"Quedé por debajo de mi marca, esto no es lo que quería. Me desconcentré un poco cuando me llamaron una falta en el envión que me pareció que había hecho bien. Son cosas que pasan", aceptó resignada.

A pesar de ello, no le ha perdido las ganas al deporte y señala que tomará esta primera experiencia en unos Juegos Olímpicos para prepararse para lo siguiente.

"Ahora es seguir entrenando para el próximo ciclo. El deporte lo es todo para mi. Esta experiencia valió la pena, en parte, y se la dedico a mi hija Natasha", indicó.