Siempre fue un jugador sin pelos en la lengua, tan bravo en el campo como en los vestuarios, capaz de imponer su espíritu de lucha al grupo y de matarse por él. Exigía respeto y cuando comprobó que las reglas se rompían una y otra vez, se marchó.

Y no se fue de un equipo cualquiera. Abandonó uno de los más grandes del mundo, el Milán, después de 13 temporadas en las que sumó 10 títulos, entre ellos dos Ligas de Campeones y un Mundial de clubes.

Las crónicas siempre han reflejado con admiración sus características como jugador: combativo, agresivo, ferozmente competitivo. Nunca se rendía, ni siquiera cuando el partido había terminado.

Hablamos de Gennaro Gattuso, apodado "Ringhio" ("gruñido" en español) y también "bisonte" o "jabalí" porque no da un balón por perdido y persigue a sus rivales con el mismo ímpetu de uno de estos animales cuando se les acosa.

Gattuso, de 34 años, ha decidido hablar para explicar por qué se marchó del Milán, el equipo en el que, dice, podía haber estado una temporada más y con el que sigue manteniendo buenas relaciones, aunque sus declaraciones a "France Football no tienen que haber sentado muy bien en su antigua casa.

"Anarquía", "falta de respeto", "ruptura entre la vieja guardia y las nuevas generaciones", "vestuario ingobernable", son algunas de las "perlas" verbales que desgrana el que fue campeón mundial con la selección "azzurra" en Alemania'2006.

"En los últimos dos o tres meses en el vestuario he vivido cosas que no había visto jamás en trece años en el Milán", afirmó Gattusso, hoy en las filas del Sion suizo, en el que lleva los galones de capitán con la misma vocación de mando que mostró con la camiseta rojinegra.

Gattuso no soportaba el incumplimiento de las normas, como la falta de puntualidad de algunos jugadores en los entrenamientos y en los almuerzos, pero lo que peor llevaba era que nadie les decía nada.

"Había una falta de respeto de las reglas", dice este "guerrero", como le gusta definirse.

Pero lo que peor llevaba era que ya no se sentía con fuerzas para decirle a la cara a un compañero que se estaba equivocando. "Me quedaba en silencio, me iba a casa triste".

Tuvo que ser un trance muy duro para un jugador cuya imagen más habitual en los terrenos de juego era la arenga, e incluso la bronca, a sus compañeros cuando las cosas iban mal.

Había otras razones para la desazón de Gattuso. Y lo reconoció a "La Gazzetta dello Sport" el 17 de julio: él y Alessandro Nesta, otro veterano de 36 años, ya no contaban para el entrenador Massimiliano Allegri.

"Tenía una relación especial con Adriano Galliani (consejero delegado del Milán). El Milán quería que renovara, pero cuando el técnico no está de acuerdo, se hace difícil seguir", dijo.

La declaraciones del centrocampista del Sion a "France Football" pillan al Milán en plena revolución, después de la salida de los llamados "senadores" Gattuso, Clarence Seedorf y Nesta y de los traspasos del brasileño Thiago Silva y del sueco Zlatan Ibrahimóvic al París Saint Germain.

El propio presidente y propietario del club, el exprimer ministro Silvio Berlusconi, dijo el martes a la cadena de televisión de la entidad que el "nuevo" Milán tiene suficientes elementos para seguir siendo un equipo fuerte.

Berlusconi citó en especial el "quinteto de estrellas que nadie tiene": los brasileños Alexandre Pato y Robinho, el alemán de origen ghanés Kevnin-Prince Boateng, Stephan El Shaarawy, con doble nacionalidad italiana y egipcia, y Antonio Cassano.

Y habló del adiós de los veteranos. "Doloroso pero necesario". Dice el empresario y político que admite que los traspasos de Silva e "Ibra" han saneado las cuentas del club, al que su familia ya no puede aportar como antes "50 millones de euros (61,5 millones de dólares) anuales".

Una nueva gestión más austera y más apoyada en la cantera, con fichajes de buenos jugadores pero baratos, en un intento de recuperar lo que Gattuso reprocha: "El Milán había perdido la seriedad de otros tiempos".