El agente de seguridad de la embajada italiana en Saná que se encuentra secuestrado en Yemen desde la semana pasada será liberado en los próximos dos días si el gobierno yemení acepta las condiciones que se negocian, afirmó hoy el jefe del grupo tribal que lo capturó, Naser Hariqdan.

En declaraciones al periódico digital de la provincia yemení de Mareb, donde permanece el italiano -identificado como Alessandro Spadotto-, Hariqdan insistió en que el secuestro es una medida de presión al Estado yemení y que no ha demandado nada al Gobierno de Roma.

El líder de los secuestradores, que pertenece a la tribu local Al Yalal de Mareb, destacó que el agente de seguridad "goza de buena salud y está recibiendo un buen trato" y será liberado "si las negociaciones con las autoridades marchan bien".

Tras reunirse en la víspera con mediadores tribales, Hariqdan señaló que pidió a las autoridades que excluyan su nombre de la lista de personas buscadas en el Yemen acusadas de asesinato y a las que se prohíbe viajar al extranjero.

El ciudadano italiano fue secuestrado el pasado domingo frente a la embajada italiana en Saná por un grupo tribal desconocido cuando se dirigía de la legación diplomática a una tienda cercana, que solía visitar a diario.

Luego fue trasladado a la zona de Wadi Obeida, en la desértica provincia petrolera de Mareb, ubicada a unos 190 kilómetros al noreste de la capital yemení.

Los secuestros de extranjeros son frecuentes en el Yemen, y en su mayoría los llevan a cabo miembros de tribus que los usan para presionar al Gobierno yemení para que responda a sus peticiones.

El pasado 28 de marzo, el vicecónsul saudí en la ciudad de Adén, Abdalá al Jaledi, fue secuestrado por la organización terrorista Al Qaeda en la ciudad de Yaar, principal feudo de este grupo terrorista en la provincia meridional de Abian.

El embajador búlgaro en Yemen, Boris Borisov, resultó herido en mayo pasado cuando hombres armados intentaban secuestrarlo en el centro de Saná.

Yemen, el país más pobre de la península Arábiga, se ha vuelto más inestable e inseguro desde que comenzaron las protestas en enero de 2011 contra el entonces presidente, Alí Abdalá Saleh, quien abandonó definitivamente el poder en febrero pasado.