Joseph Díaz nació y se crió en la calles de South El Monte, cerca de Los Angeles, en Estados Unidos. La pequeña comunidad, azotada por la pobreza en la actualidad, fue en su infancia territorio abonado a la violencia de las pandillas, y el descendiente de inmigrantes mexicanos era a menudo víctima de los abusos de un "matón de barrio" que le tenía marcado.

Hasta que un día se hartó.

El pequeño Jo-Jo, como le apodan en su casa, pidió a su padre que le enseñara a boxear, y el progenitor vio la oportunidad perfecta para alejar a su hijo de la mala vida callejera.

Díaz tumbó al "bully", pero su idilio con el boxeo no se detuvo ahí. De aquella necesidad casi de supervivencia, nació un púgil que cumplió el sueño de pelear en los Juegos Olímpicos. Tras ganar un primer combate, el estadounidense fue eliminado el miércoles por el distinguido cubano Lázaro Alvarez por un claro 21-15.

"Pensaba que en el segundo round tendría un puntaje más apretado, incluso acabando yo por encima. Pero los jueces no lo vieron así. Le puse corazón en el último, pero no bastó", dijo Díaz, quien no tuvo reparos en felicitar a su rival. "Es un gran peleador, muy largo y muy buen contragolpeador. Espero que gane la medalla de oro".

Díaz, de 19 años, recuerda que su sueño fue siempre jugar en los Dodgers de las Grandes Ligas de béisbol. Pero aquel "matoncito" del barrio que le había amargado la existencia, terminó por descubrir un talento para el boxeo.

"Me enganché, empecé a ganar torneos y le dije a mi padre que eso era lo que quería hacer", explicó.

Londres fueron los primeros juegos de Díaz y posiblemente los últimos, si finalmente decide dar el salto a los rangos profesionales "para ayudar económicamente a mi familia".

"Había rezado para enfrentarme a Alvarez en segunda ronda y llegar fresco. Creo que realicé un gran combate y me voy feliz", añadió.

Díaz llegó a Londres bajo la tutela del sargento Charles Leverette, quien se sentó en su esquina durante la competición, pero aprendió a boxear de mano de su padre. Tras ser despedido de su empleo como conductor de camiones por una lesión, Joseph Sr. decidió convertirse en entrenador del prometedor zurdo.

Se formó de manera autodidacta, yendo a incontables sesiones de entrenamiento, conversando con profesionales, leyendo libros y analizando videos en YouTube.

Padre e hijo se entregaron en cuerpo y alma al boxeo, lo que requirió un ejercicio de suprema disciplina por parte de ambos.

"Tuve que aprender a juntarme con la gente adecuada. Mis amigos saben que soy un boxeador y no puedo andar de fiesta por las noches", explicó. "Ahora mismo, lo que más quiero es tomarme un descanso y comerme una hamburguesa con mis padres".

Su sencillez ha calado hondo en el equipo olímpico. Y sus compañeros no pueden más que repartir elogios para el pequeño de la tribu en estatura y edad.

"Es un chico humilde, tranquilo y alegre. El bebé del equipo", comentó Michael Hunter, quien comparte con el californiano su afición por las redes sociales, las videoconsolas y la música.

"Ahora estamos con el videojuego de los olímpicos, corriendo atletismo y escuchamos géneros muy variados: rap, hip-hop, música latina".

El repertorio de fusión esconde lo poco que queda de las raíces latinoamericanas de Díaz, cuyo bisabuelo era mexicano. Conserva el apellido, pues no se atreve con el español y revela que sólo pisó el país de sus antepasados en una ocasión.

Para ver un combate, cómo no.