Los extranjeros que antes llegaban a un país donde no conocían a nadie tenían que poner gran empeño para hacer amigos; hoy día las redes sociales les ayudan a dominar esa nueva Babel que son las grandes ciudades.

Charlar, reír y bailar son las alternativas que la chilena Valeska Pino, una joven arquitecta amante del yoga, propone a los ciudadanos de otros países que arriban a Santiago de Chile, que hoy destaca como una de las capitales más cosmopolitas de América Latina.

"El año 2007 me fui a vivir a Nueva Zelanda y en 2009 me marché a Australia. Allí estuve con un grupo que practicaba inglés y español. Para mí era extraordinario contar con esta red de apoyo. Fue la puerta para acceder a la sociedad local", explica.

Valeska -nombre de origen ruso que significa "líder"- regresó hace casi tres años a Chile y buscó un grupo parecido. Como no había, decidió crearlo ella misma.

"Empecé a juntar gente, a mandar e-mails, a colocar anuncios en Internet", asegura.

En noviembre de 2009 logró reunir a 15 personas. Un par de meses después ya eran más de 100 estudiantes, profesionales y profesores de idiomas los que se juntaban cada semana en un bar diferente para charlar, reír, bailar.

Según Valeska, la gran virtud de esta iniciativa es que se ha convertido en la forma más rápida y divertida de insertarse en la sociedad chilena.

"Si no fuera por estas reuniones muchos extranjeros no tendrían amigos, estarían solos", asegura.

Para las convocatorias, esta joven emprendedora echa mano de las herramientas que articulan las redes sociales, pero no todas sirven.

"Hoy en día todo el mundo está en Facebook; sin embargo, Twitter no funciona bien", dice.

También ha habido fracasos. Un día se le ocurrió crear un sitio web, pero la gente dejó de asistir. Apenas llegaba el 10 por ciento. Tuvo que cerrarlo.

"Meet Up" (encuentros), "Spanglish Party" (fiesta en "espanglish") y "Speed Dating" (citas rápidas) son algunas de las herramientas de esta iniciativa, que empezó siendo bilingüe (inglés y español), pero que hoy incorpora una amplio menú de idioma en los llamados "Lunes de Babel".

Amistades, relaciones amorosas y proyectos profesionales han salido de estas reuniones multiculturales, que se celebran en bares o lugares que no exigen etiqueta.

"Es como una fiesta o un cóctel, algo muy social. Si no, sería como estar en el colegio", argumenta Valeska, quien confiesa que le apasiona relacionarse con los extranjeros y poner en contacto a gente de diferentes lugares.

"Puedes conocer a gente de Australia, Suecia o Brasil; vienen de todas partes. Los alemanes -en general los europeos- son bastante formales y un poco cerrados. Los latinos y los norteamericanos, en cambio, son más relajados", cuenta Valeska.

El perfil de los extranjeros que participan en "Meet Up" corresponde a jóvenes de 20 a 35 años que trabajan o estudian idiomas. Casi no hay turistas ni gente de paso o "mochileros".

Por su parte, los chilenos que acuden a estas citas tienen un nivel socioeconómico alto, "porque en un país donde casi no se habla inglés, tienen que viajar mucho o haber vivido en el extranjero", señala.

"En Chile, el manejo de idiomas es muy bajo. En el colegio te enseñan vocabulario y gramática, pero si no sabes hilar una frase o entender lo que te están diciendo, no sirve de nada", afirma.

Para superar la timidez y el miedo al ridículo -dos de los principales obstáculos a la hora de aprender un idioma extranjero-, Valeska mezcla a la gente para evitar que se formen grupos de personas con la misma lengua materna.

Y para organizar el caos de esta pequeña Babel, oficia como maestra de ceremonias y "policía". Quien incumple las reglas paga una multa simbólica: bailar o contar chistes, algo aparentemente fácil pero que le cuesta mucho a los europeos.

"Meet Up" funcionó también como una eficaz herramienta en los días posteriores al terremoto de 2010, cuando debido a la conmoción por las desgracias ajenas se instaló en la sociedad chilena la tóxica idea de que había que renunciar a las actividades cotidianas gratificantes.

Pero ese no fue el caso de Valeska, quien apenas tres días después del cataclismo que causó medio millar de muertos, celebró su habitual encuentro de los martes.

"Me dije, 'esto no es una fiesta, sino algo cultural; la diversión surge como consecuencia'".

Todo el mundo acudió con la mejor disposición, con el ánimo de apoyar a los otros. Ese día "Meet Up" se convirtió en un ejercicio de catarsis que sirvió para que muchas personas superaran una traumática experiencia.