El que toma una deuda se vuelve esclavo del que presta", una frase bíblica que Argentina se ha tomado a pecho en los últimos años, con una política para bajar drásticamente sus compromisos externos que culminará esta semana con el último pago de bonos Boden 2012.

La presidenta argentina, Cristina Fernández, aprovechará el aniversario de la Bolsa de Buenos Aires, mañana, para dar detalles de la cancelación del último pago de bonos de la crisis de hace diez años, un nuevo paso en el sendero del desendeudamiento.

Será el próximo viernes cuando Argentina cancele el último pago, por un total de 2.281 millones de dólares, de los Boden 2012, títulos públicos emitidos en julio de 2002, en plena crisis financiera, para ser entregados a los clientes bancarios cuyos depósitos quedaron atrapados en el denominado "corralito".

El Gobierno de Cristina Fernández ha calificado este pago como un acto de "independencia económica", el fin de un ciclo donde ha tenido que distraer millonarios recursos para saldar deudas contraídas hace décadas.

El peso de la deuda pública argentina en relación a su PIB pasó del 13,8 %, poco antes del inicio de la dictadura, en 1976, al 46,6 % en 1983, cuando el país regresó a la democracia.

Para cuando estalló la crisis, en 2001, la relación era del 128 % (114.000 millones de dólares), pero no fue hasta 2004 cuando la deuda tocó un récord de 191.000 millones de dólares, equivalente al 126 % del PBI.

Al cierre de 2011, la deuda pública neta argentina ascendía a 83.000 millones de dólares, un 19 % del PBI.

Parafraseando la cita bíblica, el ministro de Economía, Hernán Lorenzino, ha afirmado que la "política de desendeudamiento" tiene por objetivo "tomar decisiones con absoluta libertad".

Pero fue en realidad el fallecido Néstor Kirchner (2003-2007) quien acuñó a finales de 2005 la idea de que, bajando la deuda externa, se ganaba "grados de libertad para la decisión nacional".

Lo hizo al anunciar la cancelación en un sólo pago y con reservas monetarias de toda la deuda de Argentina con el Fondo Monetario Internacional, unos 9.500 millones de dólares, una medida que causó gran polémica en su momento.

Pocos meses antes, Argentina había reestructurado la mayor parte de la deuda por 102.000 millones de dólares en manos de acreedores privados declarada en mora a finales de 2001.

Para Ramiro Castiñeira, economista de la consultora Econométrica, el cómo se desendeudó Argentina, utilizando sus reservas monetarias o emitiendo dinero a costa de más inflación, puede ser "polémico", pero destacó como positivo que el país haya reducido su deuda, principalmente la nominada en moneda extranjera.

"Es un dato no menor para un país que, por sus niveles de endeudamiento externo, colapsó en 2001", dijo a Efe el economista.

Para Pablo Tigani, director de la Fundación Esperanza, buena parte de ese colapso se produjo por imposición a Argentina de metas macroeconómicas por parte del FMI.

"Todo eso se terminó gracias a que dejamos de depender de las condicionalidades que el Fondo le imponía a Argentina", dijo a Efe Tigani.

El economista destacó que Argentina cambió además su estructura de endeudamiento.

Antes del "crack" de 2001, Argentina tenía colocados en los mercados 152 tipos diferentes de bonos nominados en varias monedas y bajo diversas legislaciones extranjeras, mientras que ahora cerca de la mitad de su deuda está colocada en el sector público argentino,

Aún cuando Tigani reconoce que es "debatible" el mayor rol de financiación al Tesoro por parte de entes públicos como el Banco Nación o la administración estatal de los fondos de jubilaciones, afirmó que "está claro que no es lo mismo que lidiar con los acreedores privados extranjeros".

Por su parte, Castiñeira señaló que la reducción de la deuda "obviamente trae aparejados mayores grados de libertad en política económica".

"Sólo basta mirar los ejemplos de Grecia y España, donde la magnitud del ajuste se decide desde afuera. Es evidente la pérdida de autonomía que tiene un país cuando se endeuda", sostuvo.