La suspicacias no pudieron faltar. ¿Que se están tomando? ¿De dónde salieron?

Cuando los nadadores chinos empezaron a arrasar en la piscina olímpica de Londres, los susurros fueron inevitables. ¿Acaso China está volviendo a hacer trampas, como lo hizo en los 90, cuando sus musculosos competidores, inyectados con drogas, emergieron de la nada para apilar victorias? Alain Bernard, el campeón olímpico de estilo libre en 2008, estuvo en los primeros que pusieron en entredicho lo visto.

"Soy partidario de un deporte limpio y espero que las autoridades responsables de esto hagan su trabajo de buena fe y correctamente", dijo Bernard. "Lamentablemente, quiero decir que donde hay humo, generalmente hubo fuego. Pero ahora mismo no existe prueba alguna que demuestre que algún chino ha dado positivo en esta competencia".

Cuando Arne Ljungqvist, el jefe de la comisión médica del Comité Olímpico Internacional, compareció a una rueda de prensa se tuvo que concentrar en preguntas sobre Ye Shiwen, la prodigio de 16 años.

"Es muy triste que una actuación inesperada sea considerada como sospechosa", dijo Ljungqvist. "La sospecha es el punto medio de una acusación de que hay algo malo. Eso no me gusta. Prefiero los hechos".

Sin embargo, a diferencia de la década de los 90, existe una explicación verosímil del por qué del impacto de China en la natación de Londres 2012.

Por ejemplo, el asombroso récord mundial de Ye en los 400 combinados, cuando nadó los últimos 50 metros más rápido que el estadounidense Ryan Lochte en la carrera equivalente en hombres, no sólo se puede atribuir a su impresionante físico.

También se debe en parte a que China cuenta con la segunda economía más grande del mundo, y ahora puede gastar a raudales para contratar a los mejores entrenadores. Son extranjeros los que se encargan de sus métodos, con el fin de que la preparación de los nadadores chinos ya no sea tan rígida. La idea es que al mismo tiempo sean rápidos y felices.

Ye se ha entrenado en Australia con dos reconocidos técnicos, Ken Wood y Denis Cotterell. Wood trabaja con los chinos desde 2008 y 15 de los nadadores chinos que se encuentran en Londres, más otro cinco de sus competidores en relevos, entrenan en su academia al norte de Brisbane, rotándose por grupos cada ciertos meses, según contó a The Associated Press en una entrevista teléfonica.

"Me pagan por mes, por nadador, recibo un salario cuatro veces superior a lo que me pagan por los nadadadores de mi país", dijo Wood desde Australia, luego que Ye lograra el tiempo más rápido en los 200 combinados. China le paga bonos por una medalla olímpica de oro y marcas personales. También recibió un bono por el título mundial ganado por Ye en los 200 combinados el año pasado.

"China está invirtiendo mucho dinero en su programa y estoy feliz de trabajar con ellos", dijo Wood. "Su filosofía es buscar ser los mejores".

Ir al extranjero no sólo permite a los chinos recibir un entrenamiento más sofisticado, sino aprenden del resto del mundo. Ya no son los robots de antes, que daban respuestas con monosílabos, expresando lo agradecidos que estaban con la patria, totalmente ignorantes de lo que pasa fuera de sus academias, inclusive desconectados de sus familias y amigos.

Sun Yang, el primer varón chino en ganar un oro olímpico, irradia fervor. "Tengo unos padres fabulosos, me lo han dado todo", dijo tras vapulear en los 400 libres al campeón vigente, el surcoreano Park Tae-hwan.

El conocimiento de los extranjeros ha servido para compensar las carencias de los entrenadores chinos. Wood dice que los mejores técnicos en las provincias chinas son ex nadadores. Sólo se concentran en la técnica de las brazadas, pero "no son muy versados en la biomecánica o en los aspectos científicos".

Le imponen mucha disciplina a los jóvenes desde temprano. Wood dice que el entrenador de Ye en China "es muy estricto con ella" y que les insta a que sean más benévolos con sus pupilos.

"He hablado con ella y le dije: 'tienes que tener confianza y disfrutar''', dijo. "'Ye, tienes que tener buen humor, tienes que reírte' y así le sacamos una sonrisa".

Wood también dijo que los chinos, especialmente las mujeres, se cuidan de tener un peso liviano y que en eso se cifra "la clave" de su éxito. Acuden a su academia con sus propios cocineros y compran su comidad en el barrio chino de Brisbane.

"Nunca he visto a una china con exceso de peso. Esa es una enorme ventaja. La mayoría de las nuestras, las australianas, tienen mucho sobrepeso", añadió.

Y Wood resalta que la relación entre peso y la fuerza de Ye es particularmente magnífica y que ello explica el notable registro de los últimos 50 que nadó en los 400 combinados, con 28.93 segundos, en contraste a los 29.10 de Lochte. Ese portentoso logro y su récord mundial de 4 minutos y 28.43 segundos es lo que hizo que muchos quedasen perplejos. Lochte llegó a decir que si Ye hubiese nadado contra él, pues la china le habría ganado".

"Esa es la carrera que ha provocado más controversia", dijo Wood, enterado en Australia de las suspicacias de que China "ha vuelto a una era nefasta".

Se refería a episodios como el de Yuan Yuan, nadador de estilo espalda que ganó una medalla de plata en el Mundial de 1994, y que fue sorprendido cuando trató de contrabandear 13 ampollas con la hormona de crecimiento humano escondida en termos dentro de su equipo al llegar a Australia previo al Mundial de 1998 o cuando siete chinos dieron positivo por esteroides en los Juegos Asiáticos de 1994.

Cuando un reportero de AP le preguntó a Ye sobre las sospechas, la china respondió con una respuesta de fórmula: "Enfáticamente no nos dopamos y enfáticamente estamos en contra del dopaje".

Wood insiste que los logros chinos se deben a un mejor régimen de entrenamiento. "Cuando se dice que esta china salió de nada, pues esas son tonterías", dijo.