Ante una pregunta de este periodista, el nombre de su ídolo se le perdió en los límites imprecisos de la memoria, hasta que la vio pasar y exclamó: "¡Mi ídola esa, la japonesita!".

La mexicana Rita Medrano, aún con las cicatrices del agua, me dejó sorprendido en el Centro Acuático de los Juegos Olímpicos.

Me la paso buena parte del día trabajando en la natación, hablo con ellas tan de cerca que puedo oler el aroma a cloro del agua. Y a "la japonesita" no la tenía registrada. Ni de frente, ni de espalda.

Una vez leí El Quijote y mucho no lo entendí. Lo mismo me pasó con la respuesta que me dio Medrano, ante una pregunta mía que se me ocurrió en el momento.

Me lo dijo segura y convencida: "¡Mí ídola es esa, la japonesita!". Lo que agravó mi incertidumbre es que Medrano no recordaba ni nombre ni apellido de la asiática.

Vacilé unos segundos, lo suficiente para que un par de colegas, deseosos de sumarse a la civilización moderna, me apoyaran los codos con dulzura, por lo que quedé un poco alejado de la mexicana. Los usos y costumbres de la zona mixta donde pasan los nadadores como en una pasarela son así: O te corres o te corro.

Mientras miraba de reojo a Medrano, porque no quería dejarla escapar sin seguir hablando de "la japonesita", me puse a revisar los papeles oficiales.

Me resultó muy fácil identificar a "la japonesita": era la única participante de ese país entre las 28 nadadoras en las eliminatorias de los 200 metros mariposa.

Natsumi Hoshi. Tiene 21 años, nació en Saitama. El martes se clasificó sexta en las eliminatorias de los 200 metros estilo mariposa y además es muy buena nadadora ya que tiene la tercera mejor marca de la temporada.

Pero a menos que haya nadado sobre una estepa siberiana, no encontraba la razón del porque era la ídola de Medrano, quien seguía contestando preguntas sobre esto y aquello, mientras bajé la vista y vi la naturaleza de sus pies desnudos estampados sobre el piso.

Por las dudas, escuchaba lo que decía la mexicana, quien con su sonrisa congelada seguía contestando a los colegas que parecían tener cuerda para rato.

"El agua puede bajar una escalera pero no la puede subir". Esto no lo dijo Medrano. Sólo me acordé haber leído algo parecido alguna vez. No sé si fue un chiste o alguna frase filosófica. ¿Por qué me acordé? ¿Quizás porque estaba en un parque acuático?

Justo cuando descubría que Medrano tenía las uñas de los pies pintadas de color morado, los colegas se despedían de ella.

Entonces, me acerco a la mexicana, quien me recuerda y saluda con una "hooolaaaa", con las vocales bien estiradas.

— "Rita", le digo por su nombre. Total ya éramos viejos conocidos, "¿Por qué la japonesa es su ídola?".

— "A la japonesita la acabo de conocer", me contesta Rita, mientras mi asombro aumentaba.

— "¿Pero, si casi ni la conoce, porqué es tu ídola?".

Y Rita, con paciencia infinita, me dio su explicación:

"Las nadadoras en mariposa son unas gigantes, son de como de un metro ochenta. Yo mido 1,63, la japonesita es casi de mi mismo tamaño. Y nosotras, las pequeñitas, nos tenemos que proteger".