Algunos activistas de la ONG Río de Paz protestaron hoy en un cementerio contra la violencia armada en las favelas de Río de Janeiro, así como para pedir el fin de las víctimas de balas perdidas que producen los tiroteos entre narcotraficantes y policías.

La protesta fue realizada en el cementerio de Cajú, cerca del puerto de la ciudad y el mayor de Río de Janeiro, donde este fin de semana fue enterrado el cuerpo de una niña de 10 años que murió por una bala perdida.

La niña fue alcanzada en la barriga por una bala durante un tiroteo el último viernes entre agentes del Batallón de Operaciones Especiales (BOPE) y traficantes de droga en una favela de la zona norte de Río.

La respuesta inmediata de los vecinos de la barriada de Quitanda, donde vivía la joven estudiante con su familia, fue quemar un autobús y hacer barricadas para bloquear las calles como protesta.

Media docena de miembros de la asociación Río de Paz, que lucha por el respeto a los Derechos Humanos en la ciudad, acudieron este lunes hasta la tumba de la niña donde posaron para las cámaras con mordazas negras en la boca y las manos.

Los activistas también portaban carteles que rezaban: "Preservar la vida de los vecinos de las comunidades pobres es más importante que la prisión de los bandidos" y "¿A quién le gustaría pagar con sangre de su propio hijo el precio de la pacificación de Río de Janeiro?".

Los mensajes de los participantes de la protesta hacían referencia a la política de seguridad que las autoridades llevan a cabo en Río desde 2008, consistente en invadir con el Ejército y la Policía las favelas que están bajo dominio de bandas criminales.

Tras controlar las barriadas con grandes dispositivos policiales, el Gobierno instaló comisarías conocidas como Unidades de Policía Pacificadora (UPP) que se encargan de vigilar la zona.

El presidente de la ONG, Antônio Carlos Costa, explicó a Efe que pretenden que las autoridades de Río de Janeiro se preocupen más por la vida de los vecinos de las barriadas que por atrapar a los delincuentes.

La operación del BOPE, durante la cual murió la niña de diez años, pretendía atrapar a los responsables del asesinato de una agente de policía que fue tiroteada la semana pasada estando dentro de la comisaría de una favela del Complexo de Alemao.

"Es sospechoso que buscaran a los asesinos de la agente en una favela que está controlada por una facción criminal diferente (a la de los presuntos responsables del crimen) y donde ellos nunca se esconderían", declaró Costa.