Emoción, gritos, dolor y lágrimas. La judoca cubana Driulis González, cuatro veces medallista olímpica, vivió y lloró la derrota de su compatriota Yanet Bermoy en la final del domingo de los 52 kilos en los Juegos Olímpicos de Londres.

Cuba conquistó su primera medalla en Londres, de plata, con la derrota de Bermoy ante la norcoreana An Kae Um.

González se levantó de la silla, se volvió a sentar, y quedó petrificada cuando An marcó el punto decisivo que le dio el oro, mientras miraba la pelea por televisión en la sala de su cómodo apartamento habanero.

"Ippon izquierdo, Yanet no tenía otra para ganar, la coreana estaba fuerte. Pobrecita Yanet, en segundos se fueron cuatro años de sacrificios", comentó González a la AP mientras se secaba las lágrimas.

La judoca de 39 años se retiró en 2008 tras participar en cinco Juegos Olímpicos en los que cosechó la medalla de oro en Atlanta (1996), la plata en Sydney (2000) y el bronce en Barcelona (1992) y en Atenas (2004), mientras se ubicó quinta en Beijing, en las categorías de 56 kilos y 63 kilos.

"¡Dale Yanet!", "Vamos mija, que tú puedes!", "¡ataca Yanet, agarra con una sola mano!" y "¡cuidado... no... yuko, no", gritó Bermoy, como impartiéndole instrucciones a larga distancia a su compatriota.

González, acompañada por su hijo de 10 años Peter-Xavier, explicó que ahora es entrenadora de niños en la capital cubana y señaló que "me puse más nerviosa que si estuviera en Londres, hoy estoy triste pero ahora disfruto el judo y más porque entreno a mi hijo que es bueno".