No tenía el gusto de conocer al polaco Mateusz Sawrymowicz ni tampoco al colombiano Mateo de Angulo. Los conocí el sábado a los dos casi a la vez, durante la natación de los Juegos Olímpicos.

Por esas casualidades de la vida, los dos Mateos compitieron en una misma serie en los 400 metros estilo libre y ambos terminaron por el fondo en la clasificación general.

No importa. La historia del deporte no la escriben solo los ganadores, pensé con filosofía de principiante.

Y me acordé de Eric Moussambani, aquel nadador de Guinea Ecuatorial a quien tuve el asombro de ver en persona en Sydney 2000 cuando ganó, pero no la carrera.

Lo que ganó la "Anguila" Moussambani fue fama mundial: ¡nadó los 100 metros en un tiempo que fue más del doble que los competidores más rápidos!

"Casi se ahoga", fue la broma más festejada entre los periodistas de entonces.

No es el caso del polaco Mateusz ni del colombiano Mateo, quienes cumplieron un buen trabajo y nadaron dentro de sus tiempos.

Terminó la prueba en la que ambos participaron, me acomodé en primera fila sobre el vallado que separa a los periodistas de los nadadores, aguanté la suave embestida de una docena de chinos que esperaban a no se quién y esperé el paso de mi interesado: Mateo, el colombiano.

¿Sé cómo luce Mateo? No. En Londres, por ejemplo, compiten 950 nadadores y a la mayoría de ellos jamás los vi en mi vida. Y ni ellos a mí. Pero eso no importa. Me las he visto en peores.

Siempre apelo a fórmula que da resultados: cuando pasa un nadador o atleta al que no conozco, lo llamo una o dos veces por su nombre: Por ejemplo, Carlos, Martín, Esteban o quien sea. Y cuando el interesado escucha su nombre, se acerca.

Entonces, se avecina el primer nadador y agitando mi anotador lo llamo: "Mateo, Mateo", y el probable ucraniano siguió de largo.

Atención que esto no es ningún fracaso. Sucede a menudo por lo que no hay que desanimarse.

Segundos más tarde, se acerca otro atleta agitando una botella de agua y se le abalanzan unos 50 periodistas. Esta alivia el trabajo porque se trata de un ganador, a lo sumo un escolta. Lógica pura, este no es Mateo.

En esto casos no hay tiempo para el tedio, hay que seguir esperando atento al paso de cualquiera que esté mojado y cuidar que ningún colega gane mi espacio. Los periodistas tienen una gran habilidad para eso.

Ya pasaron tres nadadores y ninguno era el colombiano. Faltan otros tres y ya está. Mateo es mío.

"Mateo, Mateo", vuelvo a decir con un dejo de simpatía y a la vez refuerzo mi llamado agitando el anotador.

El nadador se para; me ve, apunta con un dedo gordo a su pecho como preguntando ¿Me llamás a mí?.

"Sí Mateo", le respondo como si fuésemos viejos conocidos de cuando era campeón colegial.

Entonces, la silueta del atleta se planta frente a mí, y como para entrar en confianza, antes de lanzar esas "preguntas punzantes" que hcemos los periodistas, arranco: ¿"Cómo te has sentido, conforme con tu tiempo?.

Fue pregunta y despedida. Me contestó algo en polaco que deduje debió ser "Yo no soy el que buscas".

¡Era Mateusz, no Mateo!

¿Y donde está Mateo?.

Falta pasar uno, seguro que es ese.