El guiño de Danny Boyle al Estado del bienestar y la sanidad pública en la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos generó hoy debate político en el Reino Unido, donde algunos conservadores la juzgaron demasiado izquierdista.

El espectáculo diseñado por Boyle, director de películas como la transgresora "Trainspotting" y "Slumdog millionaire", sobre pobreza en la India, escenificado anoche, quiso encapsular lo mejor de este país, desde la Revolución Industrial hasta la música pop.

Uno de los momentos más emotivos -destinado sobre todo al consumo interno- fue la celebración del Servicio nacional de salud (NHS, por sus siglas en inglés), creado tras la II Guerra Mundial y ahora amenazado por los recortes impuestos por el Gobierno conservador.

En un montaje musical en el que participaron verdaderas enfermeras y pacientes del hospital infantil Great Ormond Street, y que culminó con la formación iluminada de las iniciales "NHS", Boyle celebró ante los ojos del mundo lo que para muchos británicos es uno de los mayores logros de su historia.

El alcalde de Londres, Boris Johnson, negó hoy que la ceremonia, calificada en Twitter por algunos diputados "tories" como "un anuncio de propaganda del Partido Laborista", hubiera sido demasiado "izquierdista", y aseguró que reflejó la cultura nacional.

Varios políticos conservadores -incluido el primer ministro, David Cameron, a través de un portavoz- se distanciaron también de los comentarios hechos en Twitter por el diputado Aidan Burley, que anoche se quejó de "tanta basura multicultural izquierdista" y pidió un regreso a las acrobacias aéreas militares "y a Shakespeare".

"No estamos de acuerdo con él", se apresuró a decir el portavoz de Cameron, mientras que el diputado "tory" por el barrio londinense de Croydon, Gavin Barwell, afirmó que "Londres se enorgullece de ser multicultural".

Por la ceremonia inaugural, en la que participaron 15.000 voluntarios de todas las razas y que tuvo un coste de 27 millones de libras (34 millones de euros), desfilaron los Chartistas del siglo XIX -el primer movimiento obrero del mundo, que pidió el sufragio universal- y los trabajadores explotados de la Revolución Industrial.

En los vídeos de acompañamiento, se hizo rápida referencia a "Kes", la revolucionaria película dirigida en 1969 por Ken Loach sobre la marginación de los pobres en el sistema educativo, y se mostró el primer beso lésbico en televisión.

Un coro de niños sordos cantó a capella y pudo verse bailar música disco a personas en sillas de ruedas.

Junto a figuras del "establishment" musical, como "Sir" Paul McCartney -que cerró el espectáculo con "Hey Jude" de los Beatles-, pudo escucharse la rebelde música "punk" de "The Clash" y los "Sex Pistols", aunque obviamente Boyle no se atrevió con el himno antimonárquico "God Save the Queen".

El momento que, por su sentido del humor y celebración del estilo "British", más unió a la audiencia y gustó a la prensa -sobre todo a la sensacionalista- fue el gag en el que la reina Isabel II recibe a James Bond en el palacio de Buckingham.

El espía, interpretado por Daniel Craig, y la soberana, que posteriormente declaró inaugurados los Juegos, supuestamente se desplazaron en helicóptero hasta el estadio olímpico y de ahí "se tiraron" en paracaídas.

La Reina, que hoy volvió a pasearse por el Parque Olímpico en el este de Londres, estuvo "encantada de que se contara con ella para un evento tan especial", dijo hoy un portavoz del palacio de Buckingham.

Excéntrica, alocada, muy británica y algo confusa -posiblemente más para los espectadores extranjeros- es como ha descrito la prensa local un espectáculo que atrajo una audiencia de 26,9 millones de personas en la BBC1.

Gustara más o menos, lo cierto es que la ceremonia propuesta por Boyle ha dado que hablar.

Judith Mora