Peligrosos resbalones y caídas fueron una constante en el arranque el sábado de la competición olímpica de tenis en Wimbledon.

El reto de los organizadores de recuperar el césped apenas tres semanas después de finalizar el torneo de grand slamt tuvo sus consecuencias. A pesar de que a primera vista las canchas parecían estables y recuperadas, todos los jugadores comentaron que el césped era muy inestable y dificultaba el juego.

"La cancha estaba muy resbaladiza", dijo el serbio Janko Tipsarevic tras derrotar al argentino David Nalbandian. "Había mucha tierra en lugar de hierba cerca de la línea de fondo".

"Al principio del partido me caí dos o tres veces", añadió.

El castigo que sufren las canchas es mayor en esta superficie en comparación con cualquier otra. Hace dos años, los cuidadores de la hierba de Wimbledon probaron el comportamiento de distintos tipos de césped sin germinar y eligieron el que creían que funcionaría mejor.

A modo de ensayo general, replantaron esa hierba en la pista central al término del torneo de 2011. Fue un éxito. A las dos semanas, ya había brotado un césped sólido.

Wimbledon repitió la operación este año, con la vista puesta en los Juegos Olímpicos. Cuando empezó la competición, las calvas de tierra empezaron a brotar rápidamente.

"La hierba parece distinta a la de hace apenas unas semanas. Hasta tiene un color diferente", admitió el último ganador de Wimbledon Roger Federer. "La cancha está resbaladiza, pero es cuestión de ir adaptándose".

"He resbalado bastante y creo que me ha beneficiado, porque soy más bajo que Thomas (Berdych)", explicó el belga Steve Darcis, quien dio la primera sorpresa del torneo al eliminar al checo, sexto preclasificado. "Pero resbalaba demasiado, era muy difícil moverse y daba un poco de miedo hacer algunos movimientos".

Otro de los jugadores que sufrió las consecuencias del mal estado de la hierba fue el estadounidense John Isner, uno de los tenistas más altos del circuito profesional.

"Todos coincidimos en que las canchas están demasiado resbaladizas. De hecho, nunca había visto las canchas de esta forma desde que vengo a Wimbledon", explicó Isner, quien avanzó a segunda ronda tras imponerse al belga Olivier Rochus. "Para una persona tan alta como yo es muy complicado".

"Me tengo que mover por la pista con mucho cuidado y eso no es bueno. Lo que uno quiere es tener confianza en sus movimientos", añadió.