El primer ministro griego, Andonis Samarás, se reúne hoy con los representantes del Fondo Monetario Internacional y de la Unión Europea para discutir las nuevas medidas de austeridad exigidas al país y para solicitar más tiempo para poder cumplir sus compromisos de ahorro.

El jefe del Ejecutivo intentará convencer a sus prestamistas sobre la determinación de Atenas de acelerar el plan de privatizaciones y las reformas pactadas en el acuerdo por el que se concedió a Grecia un préstamo de 130.000 millones de euros, según asegura el portal informativo in.gr.

Pero además de confirmar la voluntad del Gobierno de cumplir los compromisos, el primer ministro conservador tiene en la agenda pedir, por un lado más, tiempo para reducir el déficit y, por otro, abrir la puerta a medidas alternativas, aún no especificadas, que eviten un nuevo hachazo a los salarios de los funcionarios.

La prórroga del plazo para reducir el déficit es un tema clave para los tres partidos que sustentan el Gobierno griego.

Evangelos Venizelos, líder socialdemócrata y exministro de Finanzas, ya advirtió ayer de que es preciso acordar esa prórroga porque aplicar ya los recortes de 11.600 millones previstos hasta 2014 "sólo agravarían la recesión".

Los tres partidos acordaron ayer las líneas maestras de ese paquete de ahorro para el bienio 2013-2014, aunque los detalles aún tienen que concretarse.

Las medidas fueron presentadas a los representantes del FMI, el Banco Central Europeo y la Comisión Europea, que están en Atenas para inspeccionar si el Gobierno griego está cumpliendo sus compromisos y decidir así si se libera un nuevo tramo de los 130.000 millones de préstamo.

Una ayuda que no se espera fluya hasta septiembre, después de que el jefe del equipo del FMI, Paul Thomsen, indicara ayer que no puede confirmar que los inspectores regresen al país durante el mes de agosto.

Samarás ya se reunió ayer con el presidente de la Comisión Europea, José Durao Barroso, que instó a Grecia a cumplir sus compromisos y volver a la senda de las reformas.

"Para mantener la confianza deben terminar los retrasos. Las palabras no son suficientes, las acciones son importantes", dijo el político conservador.