Michael Phelps se paseaba por la Villa Olímpica cuando avistó a tres atletas rusas, todas ellas más altas que el nadador que mide 1,93 metros (6,4 pies).

"Y yo que creía en un tipo alto", dijo el multicampeón estadounidense.

Preparándose para los que insiste serán sus últimos Juegos Olímpicos, Phelps luce más relajado en el preámbulo a Londres, a diferencia de lo que hizo previamente en Atenas y Beijing, donde estaba concentrado al máximo en el empeño de conseguir gestas olímpicas.

"Este es el fin", dijo Phelps el jueves, sentado junto a su entrenador Bob Bowman en la sala de conferencias más grande del Centro de Prensa de los Juegos. "Ahora es cuestión de poner la cereza en el pastel".

Y ciertamente parece divertirse. Tras entrar a la sala, sacó su teléfono y tomó una foto a los periodistas y cámaras frente a él, grabando el momento para la posteridad.

"En Beijing, estábamos buscando conquistarlo todo", evocó Phelps. "Ahora estamos relajados. Estamos divirtiéndonos".

Tampoco es que tendrá mucho tiempo para pasar el rato en Londres. Su agenda de competencia en la piscina es una de las más apretadas, sólo superado por su compatriota Missy Franklin. La misma incluye cuatro carreras individuales y todos los tres relevos.

A sus 27 años, Phelps presume ser el primer atleta en ganar ocho medallas de oro en una misma olimpiada. Sus 14 oros en su carrera eclipsan a cualquiera. Sólo le falta batir el récord de total de medallas, las 18 ganadas por la gimnasta soviética Larisa Latynina.