En 2008 Pekín acogió unos Juegos Olímpicos elogiados por su espectacularidad y organización, pero cuatro años después, cuando entrega el relevo a Londres, la ciudad apenas tiene tiempo de rememorar aquellos momentos de gloria, y afronta una crisis de credibilidad e infraestructuras debido a las inundaciones.

El pasado sábado, la ciudad sufría las peores tormentas desde que hay registros pluviométricos locales (1952), y al menos 37 personas morían en unos desastres naturales que, si bien son habituales en China, en rara ocasión afectan a la capital pequinesa, situada en la mitad septentrional y seca del país.

Los medios chinos se esfuerzan por que Pekín rememore la fiesta olímpica de 2008: hoy se retransmitió nuevamente la ceremonia de inauguración del 8 de agosto de aquel año, y el canal deportivo estatal repite imágenes de los 51 oros logrados por los atletas chinos en aquel evento, primero en el que China lideró el medallero.

Pero todo eso parece ahora muy lejano para los pequineses, cuya principal preocupación estos días ha sido exigir al Ayuntamiento que explique por qué no previno las fuertes lluvias del sábado, o por qué todo el dinero que se gastó en estadios y otras instalaciones para los Juegos no dio también para mejorar un alcantarillado obsoleto.

Muchas calles de la ciudad se convirtieron en ríos anegados por la insuficiencia de los desagües, hasta el punto de que algunos de los fallecidos murieron atrapados en sus automóviles, con niveles de agua que en los lugares más afectados llegaron a ser de cuatro metros, algo que suele pasar otros veranos, aunque nunca había causado tantos fallecidos.

"Año tras año pasa lo mismo, y celebrar unos Juegos Olímpicos no lo solucionó, así de vulnerable es nuestra capital", se quejaba un usuario de Sina Weibo, la red de microblogs más popular de China.

También ha habido críticas a la escasa atención a los afectados en las zonas más golpeadas por el temporal, como el distrito suburbano de Fangshan, o incluso acusaciones de que el consistorio oculta las cifras reales de fallecidos, un rumor que en China siempre circula cuando hay desastres de grandes magnitudes.

El diario oficialista "Global Times" asegura que Pekín afronta una "fuerte crisis de credibilidad", similar a la que en 2003 causó la epidemia de síndrome respiratorio grave y agudo (SRAG), que mató cientos de personas en la ciudad y le costó el puesto al entonces alcalde, Meng Xuenong, por ocultar información.

En esta ocasión, el alcalde, Guo Jinglong (quien gobernaba la capital durante los Juegos Olímpicos), ha dejado también su puesto, como se anunció ayer, miércoles, si bien es cierto que ha sido "ascendido" a secretario general del Partido Comunista en la capital, por lo que su marcha no se ve como un castigo.

Las redes sociales se han convertido en vehículo de crítica al gobierno capitalino -aunque la censura ya está actuando contra ello, moderando los foros- y también han albergado iniciativas para, ante la falta de responsabilidad municipal que se percibe, unir fuerzas de la sociedad civil contra el temporal.

Por ello, cuando la ciudad se encuentra en alerta amarilla por previstos temporales para el próximo fin de semana, muchos ciudadanos han publicado en la red mapas con los "puntos negros" más susceptibles de inundarse en la ciudad, para que los conductores y peatones los eviten.

En esta ola de desconfianza y críticas, poco lugar queda para el deporte y los recuerdos olímpicos, aunque se intentará hacer una excepción celebrando mañana, viernes, un amistoso de altos vuelos (Manchester City-Arsenal) en el Estadio Olímpico del Nido, poco antes de que Londres inaugure sus Juegos.

El partido puede servir para enlazar simbólicamente a China y el Reino Unido, pasados y presentes organizadores de las Olimpiadas, pero la alerta amarilla por el temporal incluye la hora del partido, así que los planes podrían verse trastocados por la actual crisis meteorológica y política.

Antonio Broto