Igual que otras comunidades alcanzadas por la guerra civil de Siria, los residentes del vecindario de Yarmouk, en Damasco, han conocido la muerte y la destrucción.

Los soldados y los francotiradores han matado a tiros a manifestantes, en tanto que algunos inconformes en el lugar se han alzado en armas para combatir a los agresores.

Sin embargo, existe una diferencia muy importante: la mayoría de los residentes de Yarmouk no son ciudadanos sirios, sino refugiados palestinos.

Desde el inicio de la rebelión, el medio millón de palestinos en Siria atraviesan dificultades para mantenerse neutrales en el conflicto. Han dicho que tienen poco que ganar y mucho que perder si toman partido en la lucha entre el régimen del presidente Bashar Assad y los rebeldes armados que buscan derrocar a la familia Assad, la cual ha gobernado Siria durante cuatro décadas.

Sin embargo, los refugiados palestinos jóvenes, furiosos por la intensificación de la violencia en julio e inspirados en las demandas de mayores libertades dentro de la revolución del mundo árabe, han salido en grandes números a las calles e incluso se han sumado a los rebeldes, a pesar de los esfuerzos de los líderes políticos de su comunidad para que se mantengan ajenos al conflicto.

Grandes protestas dieron inicio hace dos semanas en el mayor campamento de refugiados palestinos en el país, el de Yarmouk, un vecindario de casi 150.000 refugiados que viven apiñados en edificios de apartamentos sencillos, entre calles estrechas en la capital siria.

Las fuerzas de seguridad abrieron fuego contra los manifestantes y mataron al menos a cinco, en hechos que han dado inicio a un ciclo de funerales, manifestaciones y nuevos actos de represión.

El jueves, los activistas dijeron que efectivos destacados afuera de Yarmouk dispararon obuses contra el sector, posiblemente en preparación para una redada.

"Hay coches y casas destruidos por explosiones", dijo un activista palestino en Yarmouk, quien se identificó como Abu Omar. Mientras Omar hacía sus declaraciones vía Skype era audible el estruendo de estallidos. "Realmente estamos ahora en una zona de guerra", apuntó.