A diez años de la peor crisis financiera, económica y social de su historia, Uruguay presenta indicadores positivos y una mejor calidad de vida de su gente, pero tiene por delante varios desafíos económicos y sociales, según coinciden autoridades y expertos.

Si se compara el país de hoy con el de 2002 es "como el día y la noche", afirmó a Efe el presidente del Banco Central del Uruguay (BCU) y exviceministro de Economía y Finanzas (2005-2008), Mario Bergara.

Hace una década "Uruguay vivió una verdadera catástrofe, un shock estructural que tuvo costes muy altos desde el punto de vista económico, financiero y social".

El funcionario destacó que en el plano económico, financiero y de inversiones ha habido cambios "sustanciales" que hacen al país "mucho mas resistente a los shock externos".

En 2002 más del 40 por ciento de los depósitos en moneda extranjera en la plaza financiera uruguaya eran de argentinos, algunos bancos no tenían liquidez suficiente y cuando se dio el "corralito" en Argentina vinieron en masa a buscar su dinero generando muchas dificultades, recordó.

En la actualidad, los depósitos de no residentes en la plaza local, la mayoría de ellos argentinos, alcanzaron los 3.400 millones lo que supone un 20 % del total.

Recordó que tras la crisis, la deuda pública uruguaya llegó al 100 por ciento del producto interior bruto (PIB), la pobreza afectó al 38 % de la población, el desempleo al 20 por ciento y la indigencia superó el 4 %.

Cuando las cuentas comenzaron a mejorar entre 2005 y 2006 se pagó la deuda al Fondo Monetario Internacional (FMI) y al Banco Mundial (BM) y a día de hoy el país no tiene deudas con ellos, lo que le permite más libertad a la hora de fijar su política económica.

La tasa de inversión que en 2002 estaba en el 13 % hoy es del 20 % y la inversión extranjera pasó del 1,2 % del PIB hace diez años al 5,7 % en la actualidad.

En la parte comercial, diez años atrás la mitad de las exportaciones uruguayas tenían como destino la región pero "actualmente hay una diversificación de mercados" y productos que ponen a Uruguay "a resguardo de los vaivenes internacionales" dijo, y añadió que las carnes uruguayas se colocan en cien países.

En cuanto a los indicadores sociales, el desempleo se ubica en el 5,5 % el más bajo de la historia del país y la pobreza, que en 2002 llegó hasta el 38 %, pasó al 13 % según la medición uruguaya, y al 10 % de acuerdo a cifras de la Cepal, mientras que la indigencia que se ubicó en el 4 % hace una década hoy es del 0,5 %.

El clima de negocios en Uruguay es "muy bueno" y está considerado por varios organismos internacionales "a la cabeza" en la región por su "estabilidad política, reglas claras y respeto a la legislación vigente".

Así, en los últimos años se han recibido importantes inversiones desde Nueva Zelanda, India, China, Europa, Argentina y Brasil, entre otros.

Bergara dijo que el mundo actual "es distinto" y "mucho más volátil" en comparación con diez años atrás y se refirió a algunos de los desafíos que tiene por delante Uruguay entre ellos "mantener" la estabilidad económica y la inflación "controlada".

El Índice de Precios al Consumo (IPC) se incrementó el 0,30 % en el mes de junio, la inflación acumulada en el primer semestre del año llegó al 4,13 % y en los últimos doce meses se ubicó en el 8 %.

Además, Uruguay "debe mantener" la actual política fiscal "responsable", lograr "mayor competitividad" para la industria y ampliar la "capacidad y especialización" de su mano de obra.

Sin embargo, no todo es color de rosa en la economía uruguaya y así lo advierte el experto Carlos Luppi en su libro "La historia no oficial de la crisis" publicado el pasado mes.

Luppi, contador, licenciado en Administración por la Universidad de la República y con un postgrado en el Instituto de Economía de Montevideo, destacó a Efe que en la actualidad "se repiten" algunos de los errores del pasado que derivaron en la crisis.

El mayor de ellos, opinó, es el "formidable" atraso cambiario que llevó a una "muy grande" apreciación del peso uruguayo con relación al dólar estadounidense y la respectiva pérdida de competitividad a nivel regional.

Esa pérdida de competitividad es uno de los reclamos casi permanentes de gremiales de industriales y exportadores uruguayos al ministro de Economía y Finanzas, Fernando Lorenzo.

Además, el experto advirtió sobre una "concentración y extranjerización enorme de la tierra", de la cual el 30 por ciento (16 millones de hectáreas) está en manos de inversores foráneos que en la práctica controlan el 70 % de la superficie forestada.

Alertó además en su libro sobre una "política de privilegio" a la inversión extranjera en algunos casos con "muy dudosos retornos".

Luppi estimó que mientras se mantenga la bonanza de los precios internacionales de la carne, lana y granos, principales sectores de exportación del país, Uruguay "estará bien" pero advirtió sobre un escenario "cada vez más adverso" y la necesidad de "estar alerta" por la crisis internacional.

Las exportaciones de carne representan el 24 % del total de las ventas del país, los cereales el 17 %, la madera el 10 % y los lácteos el 9 %.