El Festival Richard Wagner de Bayreuth (Baviera) abre hoy con un "Holandés errante" marcado por el relevo de su bajo barítono Yevgueni Nikitin por un tatuaje nazi, polémica que ha reavivado el debate sobre los vínculos de la casa y el Tercer Reich, tema casi tan clásico como el mundo wagneriano.

Una inoportuna cruz gamada, estampada en el pecho del solista a sus 16 años y desdibujada luego con un tatuaje posterior, se convirtió en la comidilla del festival, cuya 101 edición se inaugurará, como todos los años, con el desfile de wagnerianos a la Verde Colina, encabezados por la canciller Angela Merkel.

"El holandés errante" es el único estreno de la temporada, que se cerrará el 28 de agosto y que tiene aires de etapa de trámite hasta la edición de gala de 2013, en que coinciden el 200 aniversario del nacimiento del compositor y el 130 de su muerte.

La polémica en torno al tatuaje ha animado la recta final hasta el estreno y provocado un relevo a favor del asiático Samuel Youn, una voz habitual en Bayreuth, aunque no en papeles protagonistas.

Youn, formado entre Seúl, Milán y Europa, asume el papel del "Holandés" que quedó vacante el pasado sábado, con Jan Philipp Gloger como director escénico y Christian Thielemann a la batuta.

Para el "maestro" Thielemann, no hay duda alguna de que se adoptó la decisión correcta, por intempestiva que resulte: "Una cruz gamada no se enseña. Ni en Bayreuth ni en Australia", declaró el director, tras las críticas de la Ópera Estatal de Baviera calificando de hipócrita la decisión.

Una cruz gamada -entre otras imágenes más o menos identificables como de ideología dudosa, entre el cómputo de tatuajes que cubre el cuerpo de Nikitin de pies a cabeza- no es algo que pueda pasar desapercibido en Bayreuth, por mucho que se haya desdibujado.

El asunto salió a relucir a raíz de un reportaje de sus años jóvenes, como batería de una banda de heavy metal, en que además de su cabeza rapada se percibe claramente el símbolo nazi.

El propio Nikitin comunicó la cancelación, el sábado, un día después del reportaje de la primera cadena de la televisión alemana.

A partir de ahí, se desencadenaron las reacciones a favor o en contra de la decisión, que se presupone presionada por la dirección colegiada del festival, entre las biznietas del compositor, Katharina y Eva.

Ambas asumieron las riendas del festival tres años atrás, tras una larguísima guerra de sucesión entre miembros de la familia.

Quedó así atrás el medio siglo de dirección a manos de Wolfgang Wagner, el hijo de Winifried Wagner, la nuera inglesa del compositor que puso Bayreuth a los pies de Adolf Hitler.

Si hasta entonces sobre los Wagner planeó siempre el estigma del antisemitismo -el propio Richard nunca escondió su antipatía a los judíos- con Winifred en la dirección, de 1931 a 1944, se pasó a la sumisión devota al Tercer Reich.

Wolfgang se encargó de borrar esa imagen tras su refundación, en los años 50, pero la mancha del pasado asoma año tras año, sea por los esfuerzos de los herederos por "analizar" esos vínculos o por críticas externas de los miembros díscolos de la familia.

Esta temporada la cuestión estaba ya tematizada por una exposición titulada "Voces silenciadas", sobre la diáspora de músicos judíos durante el Tercer Reich, así como una biografía presentada por la biznieta "rebelde", Nike Wagner, sobre la figura de tía Friedelind, quien emigró en tiempos de la Alemania nazi.

Con el escándalo del tatuaje escondido se escaló posiciones y se recuperó el tema que animará las pausas -de una hora de reloj cada una, de acuerdo a la tradición- de la Verde Colina, un festival para cuyas localidades hay listas de espera de hasta diez años.

El programa de este año lo completan, junto con el "Holandés", las reposiciones de "Tristán e Isolda", "Lohengrin", "Tannhäuser" y "Parsifal".

Las codirectoras quieren un Bayreuth abierto a todos, de manera que al apartado "Wagner para Niños", consistente en unos "Maestros Cantores" adaptado al público infantil, se sumará el 11 de agosto la transmisión del "Parsifal" a un centenar de cines de todo el país.

La sesión ha sido bautizada como "Wagner y palomitas de maíz" y suple las transmisiones en directo, a una explanada de Bayreuth y en formato de gran pantalla, de las últimas ediciones anteriores.

Las transmisiones al aire libre adoptaban dimensiones de "pícnic" multitudinario, pero este año cayeron del programa por abandono de su patrocinador, Siemens.

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Por Gemma Casadevall