Rusia criticó el martes a Siria por amenazar con usar armas químicas en caso de un ataque exterior, pero Moscú no dio señales de que fuera a abandonar al régimen del presidente Bashar Assad a pesar de la condena internacional por la violencia en el país árabe.

Siria es el último aliado que le queda a Rusia en el Medio Oriente y alberga la única base naval que Moscú tiene afuera de la antigua Unión Soviética. Rusia ha protegido a Siria de las sanciones internacionales y le suministra armas en medio de una escalada en la guerra civil.

El lunes, Siria amenazó con utilizar sus armas químicas y biológicas en caso de enfrentar un ataque extranjero, la primera vez que reconoce tener armas de destrucción masiva.

En un comunicado que refleja el grado de irritación con Assad, el Ministerio ruso del Exterior le recordó a Siria que había ratificado una convención global que prohibía el uso de armas químicas. Agregó, asimismo, que Rusia espera que Siria "honre indefectiblemente sus obligaciones internacionales".

El comunicado fue emitido después de una reprimenda rusa previa por el uso excesivo de la fuerza por parte de Assad y la lentitud para implementar reformas.

Pero a pesar de las ocasionales críticas, Rusia se ha rehusado a apoyar las fuertes peticiones internacionales para que sea depuesto el líder sirio, al decir que actores extranjeros no tienen derecho a determinar el futuro político de la nación.