El Gobierno de EE.UU. condenó hoy la ola de atentados que causó al menos 84 muertos y cerca de 300 heridos en Irak y, pese a admitir que sigue siendo "un país violento", destacó la capacidad de las fuerzas iraquíes para proporcionar seguridad.

"No hay duda de que Irak sigue siendo un lugar violento y condenamos enérgicamente los atentados", dijo el portavoz de la Casa Blanca, Jay Carney, a los periodistas que viajaron en el Air Force One a Nevada, donde el presidente Barack Obama pronunció un discurso ante una organización de veteranos de guerra.

No obstante, Carney apuntó que Irak "no es tan violento como solía ser" y afirmó que las fuerzas de ese país tienen "capacidad" para garantizar la seguridad.

La ola de atentados causó este lunes al menos 84 muertos y cerca de 300 heridos en una de las jornadas más sangrientas de los últimos dos años en Irak, lo que ha vuelto a poner en evidencia la falta de seguridad en el país.

Bagdad y sus alrededores fueron los más castigados por la violencia, ya que la explosión de ocho carros bomba se cobró la vida de al menos 35 personas e hirió a más de 120, informaron a Efe fuentes policiales iraquíes.

Tras estas masacres, el Ministerio iraquí del Interior aseguró en un comunicado que es necesario un cambio en "los planes de seguridad" en el país para luchar contra el terrorismo, del que responsabilizó a Al Qaeda.

Irak es escenario de un repunte de la violencia con frecuentes ataques dirigidos contra objetivos chiíes y fuerzas de seguridad desde la retirada, en diciembre pasado, de las tropas estadounidenses y la emisión de una orden de arresto contra el vicepresidente suní, Tareq al Hashemi.

Obama "no está de acuerdo" con los que piensan que EE.UU. no debería haberse retirado de Irak, que cuenta con "un número significativo de personal de seguridad que se dedica y es capaz de proporcionar seguridad", insistió Carney.