En la ciudad de Sidón, considerada la puerta del sur del Líbano profundo, el jeque suní Ahmad el Asir está decidido a seguir la protesta pacífica que desde hace un mes protagoniza en contra del poder político del grupo chií Hizbulá.

Convertido en una de las personalidades suníes más mediáticas desde que estallara la revuelta en Siria el año pasado, Asir señala en una entrevista a Efe que "resistirá de modo pacífico, hasta la muerte", con tal de que se satisfagan sus demandas.

Fue el pasado 27 de junio cuando este clérigo instaló tiendas de campaña en una de las entradas de Sidón, bloqueando así el acceso por esa vía a otras regiones del sur y desesperando a quienes quieren evitar los atascos que se forman en otras zonas.

Desde entonces, cientos de hombres barbudos, mujeres cubiertas de negro y niños ocupan este campamento improvisado, cuya afluencia de visitantes aumenta conforme llega la noche.

Entre las pancartas, se leen lemas como "Nuestra revuelta es por la dignidad de todos los libaneses", "No aceptamos más que nuestra dignidad sea pisoteada por las armas" o "Rechazamos la tutela de las armas".

Son mensajes dirigidos contra la influencia política de Hizbulá, aliado internacional de Irán y Siria que en el interior del Líbano encabeza el actual Gobierno de Nayib Mikati y mantiene sus milicias armadas.

El jeque Asir asegura que inició su movimiento pacífico en su intento de que "se respete la dignidad de los libaneses frente a la imposición de las armas".

"Hubiera podido inmolarme como (Mohamed) Buazizi, pero mi religión me lo impide", agrega Asir, en alusión al joven que se prendió fuego en Túnez en diciembre de 2010, lo que desencadenó una revuelta que acabó con el régimen de Ben Ali y se propagó a otros países de la región.

Para el religioso, su principal objetivo es que "el Estado tenga el poder de decidir la paz o la guerra y no un grupo armado", en alusión a los grupos chiíes Amal y Hizbulá.

Asir asegura que nunca pidió el desarme del Hizbulá, única milicia que no fue desarmada al término de la guerra civil libanesa (1975-1990), argumentando que es un movimiento de resistencia frente a Israel.

Lo que le preocupa es la estrategia actual de Defensa del país, que en su opinión debería ser motivo de diálogo entre los libaneses y depender en última instancia del Estado.

"El Ejército podrá enrolar a las personas expertas (de Hizbulá) para que le ayuden en su misión de defender el Líbano, pero no debe ser un grupo armado quien decida" sobre esos asuntos, insistió Asir.

El jeque declara que él se atreve a decir en voz alta lo que otros suníes "callan por temor a las armas de Hizbulá", y denuncia que los insultos y agresiones contra su comunidad han aumentado en los últimos días.

Asir estuvo a punto de ser atropellado el pasado viernes mientras repartía panfletos, y una granada sonora cayó contra los participantes de la sentada simbólica sin dejar víctimas.

La iniciativa pacífica ha encontrado oposición en las calles de Sidón, donde se han organizado contra manifestaciones, y el propio clérigo es consciente de que el bloqueo de la vía puede perjudicar a algunos comerciantes, a los que promete indemnizar.

"No recibimos dinero de ninguna parte o país", asevera este musulmán suní, que agradece las donaciones personales de ciudadanos y simpatizantes a favor de su causa.

Respecto al conflicto en Siria, motivo de inquietud entre los libaneses, el jeque considera que el atentado contra la cúpula de seguridad y defensa del país el pasado miércoles representa "el comienzo de la victoria de la revolución siria".

"Hubiera deseado que (esta) fuera pacífica", apostilla Asir, que destina parte de los fondos que recibe a ayudar a los refugiados sirios en Sidón.

En su lucha particular contra Hizbulá, el religioso no descarta cerrar otras vías que comunican esta ciudad mediterránea con el sur del Líbano, ya que todo depende -según dice- de cómo evolucione la situación.

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Kathy Seleme