Antony ha vuelto como una estrella al Festival de Jazz de San Sebastián en el que se estrenó en 2005 casi como un desconocido, en una cuarta jornada del 47 Jazzaldia en la que Kenny Barron, Mulgrew Miller, Eric Reed y Dado Moroni han compartido una noche con dos pianos.

Cuando el director del Festival, Miguel Martín, hizo balance de aquella 40 edición, habló de Antony, que había actuado en el Kursaal en la medianoche del día 23, como de "un gran descubrimiento".

La fama del músico y su grupo creció velozmente y, este domingo, siete años después, Antony ha hecho su aparición en el mismo lugar con un auditorio hasta arriba y un prestigio más que logrado.

El británico, esta vez sin The Johnsons, ha estado acompañado por la orquesta vasca Et Incarnatus, una formación clásica de 40 instrumentistas, para presentar su proyecto "Cut the world", en el que reúne canciones de sus discos "Antony and the Johnsons", "I am a bird now", "The criying light" y "Swanlights".

Con una especie de poncho negro y una indumentaria que también podrá aprovechar en enero, Antony Hegarty abrió con "Rapture" un concierto que iba a durar 100 minutos e incluir dieciséis temas, sin faltar en los bises la conocidísima y hermosa "Hope there's someone", con el músico al piano.

El cantante se movió, poco, en la penumbra de un escenario sobre cuyo fondo se proyectaba una imagen de cuadrículas y volúmenes triangulares que iba cambiando de color.

La mayor concesión a la luz, en tonos azules y rosados, se produjo con "Kiss my name", que arrancó con la sección de percusión de la orquesta, que en el tema anterior, "Another world", había sido un susurro de cuerdas y notas de piano.

Maravillosamente sonó "Cut the world", pese a que Antony decidió parar y recomenzar cuando sonaban los primeros compases. Su voz, extraordinaria y personalísima, reclamaba un cambio para nacer a un mundo mejor.

Pero no sólo lo cantó, por dos veces se lanzó a un "speech" ecológico y feminista. Abogó por invertir la influencia de las mujeres en el mundo -del 30% actual al 70%, dijo-, persuadido de que así nuestro futuro tendrá una oportunidad mayor.

"Crazy in Love", versión de la canción de Beyonce, "Cripple and the Starfish Play", "For Today I Am A Boy Play" y "Epilepsy Is Dancing Play" fueron de las primeras en sonar. Después vendrían otras como "Swanlights" y la aplaudidísima "You are my sister", además de "I Fell In Love With A Dead Girl".

Antes de los bises, en que también cantó "Ghost", Antony había recogido ya una rosa y un ramo de flores de los fans de las primeras filas. Y luego el adiós del músico, que para su nuevo proyecto está colaborando con orquestas de los lugares donde recala en su gira.

El cartel de la plaza de la Trinidad lo cerró la propuesta "An Evening with two pianos", sustentada en los brillantes Barron, Miller, Reed y Moroni, que esta noche han puesto más oficio que emoción en la velada.

Un arranque con el standard "Just you just me" a cuatro manos en los dos teclados, dio paso a intervenciones en solitario y combinaciones por parejas en la que todos tocaron con todos.

Sonaron más standard y temas de Thelonious Monk, y volvieron los cuatro al piano con el tema "Rhythm-A-Ning" que en las notas finales hizo guiños al "I got Rythm" de Gershwin.

Y para el bis otra vez Thelonious. Su animado "Blue Monk".

Antes, el público de la Trinidad había asistido a una intimista y delicada sesión del batería vasco Hasier Oleagga y su formación Cantus Caterva, que reúne a destacados músicos de jazz de Euskadi: Iñaki Slavador (piano), Mikel Andueza (saxo alto), Julen Izarra (saxo tenor) y Jon Piris (contrabajo).

Y en la mañana de este domingo, el Basque Culinary Center, la Facultad de Gastronomía de la Universidad de Mondragón que se ha incorporado este año al Heineken Jazzaldia, celebraba su segundo concierto con el italiano Enrico Rava, probablemente el trompetista más relevante de la escena europea, del que el público ha disfrutado mucho entre pinchos y cervezas.

HASH(0x8fd10c8)

Ana Burgueño