Los rebeldes sirios atacaron Alepo el sábado, en uno de los combates más feroces que se hayan visto en la ciudad más grande del país, que ha sido un bastión de apoyo al presidente Bashar Assad durante el levantamiento de 17 meses.

Los rebeldes, que al parecer buscaron aprovechar el impulso que ha tomado su ofensiva en los días recientes, atacaron también un tercer cruce fronterizo — el segundo que tomaron en la frontera noreste con Irak — otra señal de que el control férreo del gobierno sobre el país se está tambaleando.

Los combates en Alepo ocurrieron después de intensos enfrentamientos en la capital Damasco, en un momento en que las fuerzas rebeldes atacan los pilares del poder, en sus intentos por precipitar el fin del régimen de Assad.

"Hubo grandes explosiones y el tiroteo no cesó por varias horas", dijo desde Alepo a The Associated Press, vía Skype, el activista Mohammad Saeed. "El levantamiento al fin llegó a Alepo".

Hasta hace poco, Alepo, la segunda ciudad más importante de Siria, permaneció leal al presidente Assad y quedó exenta de los derramamientos diarios de sangre ocurridos en otras ciudades desde hace un año, cuando comenzó la rebelión popular contra el régimen.

Pero Saeed agregó que decenas de insurgentes del improvisado Ejército Libre de Siria entraron en Alepo — un núcleo comercial — desde las zonas rurales y combaten ahora con los soldados en la ciudad.

Este fue el primer combate sostenido en el centro de la ciudad, localizado en el distrito Salaheddine, aunque ha habido protestas en Alepo y violencia en las inmediaciones.

Los rebeldes han puesto al régimen a la defensiva luego de una semana de batallas en Damasco, incluyendo la detonación de una bomba en el corazón del régimen, que dejó muertos a cuatro altos funcionarios del gobierno.

Los próximos días serán cruciales para determinar si el régimen puede recuperarse de los golpes, los cuales han puesto en duda que el control de Assad sea impenetrable.

Los rebeldes también tomaron el control de la frontera siria con Irak en el cruce del poblado de Rabiya, 520 kilómetros (320 millas) al noroeste de Bagdad, de acuerdo con Atheel al-Nujaifi, gobernador de la provincia Ninevah, de Irak.