Los californianos Blink 182 han hecho vibrar pista y grada del Palacio de los Deportes de Madrid, donde su batería, Travis Barker, se ha proclamado estrella absoluta de la noche.

Las ganas e ilusión de ver de nuevo a la banda en nuestro país se han hecho valer por encima de la desgana mostrada por Mark Hoppus y Tom DeLonge, bajista y guitarrista, cuyos pies parecían pegados al suelo del escenario.

Eran las 19:00 y la cola para entrar al Palacio de los Deportes ya doblaba la avenida frente al mismo. En ella se mezclaban jóvenes cercanos a la treintena, deseosos de recordar a una de las bandas más laureadas de su juventud, y adolescentes que aprovechaban la oportunidad que brinda el Palacio y que no ofrecen las salas de conciertos de Madrid: la entrada a menores.

Las nuevas generaciones punk aguardaban para el que era, para muchos, su primer gran concierto, en el que refrescos y pizzas corrían como corre la cerveza en las salas de música en directo.

A los californianos les precedían dos bandas, los madrileños Everlyn, que sorprendieron para bien su punk melódico; y The All-American Rejects, cuyo cantante quiso hacer un guiño, fallido, al público español vistiéndose de torero. O de algo que pretendía parecerse a un torero.

Tras dos horas, tal vez excesivas, de teloneros, Blink 182 aparecía en escena. Arrancaban golpeando, sin anestesia, con uno de sus grandes éxitos, "Feeling this", single de su disco homónimo lanzado en 2003 y que lanzó a la banda al estrellato.

Nada más salir la banda al escenario, el público de las gradas se puso en pie y se agolpó en las primeras filas, donde permaneció, saltando y brazos en alto, durante todo el concierto. Al punk no le gusta estar sentado.

El único que permaneció en su silla (casi) todo el concierto fue Travis Barker, batería de los de California, que ejerció de locomotora de la banda durante todo el directo.

Barker parecía fustigar, a golpe de bombo y caja, al resto de la banda, que no llegó despertar del todo durante el espectáculo, cantando a media voz y sin apenas movimiento sobre el escenario.

Su desgana, camuflada con efectismos de vídeo, luces y decorado, no se contagió al público, que disfrutaba de los grandes temas del grupo al ritmo que marcaba el apoteósico Barker.

Blink 182 supo disolver casi todo su último álbum, "Neighborhoods" (2011), entre los temas más conocidos y cañeros de la banda, como "Whats my age again?", "Dumpweed", "Violence" o los coreados "All the small things" o "Josie", últimos temas antes de los bises.

Tras despedirse antes de la cortesía final, el primero en volver al escenario fue Barker, que, solo a la batería y con un acompañamiento cercano al hip hop y la electrónica, dio una lección de virtuosismo con las baquetas en un tema que sonaba más a Limp Bizkit que a Blink 182.

Envuelto en un espectáculo de luces y ovaciones, el tatuadísimo Barker dio paso al resto de la banda, que se dispuso a lanzar lo que le quedaba de armamento pesado, siempre con el batería como bombardero: "Carousel", "Dammit" y la extremadamente corta "Family Reunion", de apenas 35 segundos, sirvieron de colofón al espectáculo.

Las luces se encendían y con ellas empezaban a brillar las frentes perladas de sudor de los asistentes. Camisetas con el logo de la banda goteando sudor y gorras empapadas, y sus dueños con una gran sonrisa. Para los más jóvenes, ha sido el mejor concierto de su vida. Todavía les queda mucho por ver.

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Pablo Cantó