Los reiterados desmanes después de las actuaciones del Atlético Junior de Barranquilla — indiferentemente del resultado que logre — no paran pese al refuerzo en la seguridad.

Los vecinos del estadio Roberto Meléndez y los habitantes de la población de Luruaco vivieron esta semana una pesadilla luego de la derrota 3-1 del Junior a manos de su enconado contrincante Atlético Nacional de Medellín en el juego de ida por la Supercopa.

La acción de los vándalos comenzó con la destrucción de los cristales de 18 autobuses del transporte público, de residencias y negocios próximos al estadio y se prolongó a la población de Luruaco, según la policía.

"Fue algo horrible, como no había policías esos delincuentes cogieron el Transmetro (autobús público) a piedras, y hasta atracaron a una muchacha que iba pasando. Cada vez que hay partido del Junior nos tenemos que encerrar en nuestras casas, porque no hay nadie que logre detener a esos delincuentes", se quejó Jackeline Salas en la edición electrónica del diario El Heraldo de Barranquilla del viernes.

Barrabravas del Nacional, al paso por Luruaco, descendieron de los 10 autobuses en que viajaban con rumbo a Medellín y atacaron a las personas que encontraron a su paso en la madrugada del jueves.

Según la alcaldía local hirieron a cinco con arma blanca y a una le dispararon un tiro.

Osnaider Prenth Sandoval, de 22 años de edad, quien recibió el disparo, permanecía el viernes en un hospital.

La acción se registró pese a que la caravana iba custodiada por la policía.

"Tomaremos medidas serias para evitar que se sigan presentado estos hechos", anunció el viernes el comandante de la policía de Barranquilla, general José Vicente Segura.