La destrucción de actas sobre los neonazis por parte del espionaje alemán fue "intencionada", según la comisión del Parlamento alemán (Bundestag) que investiga el proceder de los servicios de seguridad en relación a la célula ultraderechista que actuó impunemente durante años y asesinó a nueve inmigrantes.

"Está claro que se trató de una acción para ocultar datos", afirmó el presidente de la comisión, el socialdemócrata Sebastian Edathy, al término de una sesión a puerta cerrada, después de que ayer el ministro alemán de Interior, Hans-Peter Friedrich, se comprometiera a investigar los fallos cometidos.

El departamento de Protección de la Constitución -los servicios secretos de Interior- destruyó al menos siete actas sobre grupos neonazis del estado federado de Turingia (este), días después de salir a la luz los asesinatos en serie cometidos por la célula Clandestinidad Nacionalsocialista (NSU), en noviembre de 2011.

A la eliminación de esos informes siguieron otras dos operaciones parecidas, una de ellas un mes más tarde y la siguiente entre mayo y junio, cuando la comisión había requerido a los servicios de espionaje todos los datos posibles sobre los neonazis de Turingia.

Al menos una de esas operaciones se hizo por orden directa de Interior, admitió hoy un portavoz del ministerio, que justificó el proceder como "habitual", por tratarse de documentación procedente de varios años atrás -entre 1998 y 1999- y no considerarse "relevantes" para investigaciones presentes.

El propio ministerio investiga asimismo el proceder de tres de sus funcionarios -uno de ellos, jefe de departamento local- para esclarecer las responsabilidades.

Edathy lamentó la destrucción del material e instó a Interior a no incurrir en más destrucción de documentos, ya que corresponde a la comisión qué material es o no relevante.

La existencia de la célula autodenominada NSU salió a relucir el pasado noviembre, a raíz del suicidio de dos de sus miembros -Uwe Böhnhard y Uwe Mundlos- acosados por la policía tras un atraco.

Poco después, la tercer miembro del grupo, Beate Zschäpe, se entregó a las autoridades tras volar por los aires la vivienda de Zwickau (este de Alemania) donde vivían los tres.

La NSU actuaba desde 1998 y cometió impunemente diez asesinatos -ocho comerciantes turcos, un griego y una agente policial- en distintos puntos del país y casi siempre con la misma pistola, pese a lo cual no se siguió la pista del arma ni se cruzaron los datos.

Paralelamente, el grupo realizó atracos a bancos y atentados con bombas, sin que las fuerzas de seguridad cayeran sobre él.

Las actas destruidas hacían referencia a las actividades de neonazis de Turingia, donde tenía sus orígenes el trío y donde asimismo se supone actuaban algunos de sus cómplices.

Los archivos contenían información obtenida tanto de escuchas y seguimiento directo como a través de confidentes del espionaje.

El papel de tales confidentes y el supuesto de que pagándoles a ellos se estaba, indirectamente, financiando a los neonazis desataron el temporal de críticas sobre el jefe del espionaje, Heinz Fromm, quien dimitió tras conocerse la destrucción de las actas.

El relevo de Fromm se hará efectivo el 1 de agosto, cuando asumirá el cargo Hans-Georg Maaßen, experto en terrorismo y funcionario de Interior desde hace 21 años, con el encargo explícito de reformar el departamento a todos los niveles.