Vitoria se ha mostrado receptiva y cálida para recibir la música de Gilberto Gil y su cuarteto de cuerda, precedido por una versátil Esperanza Spalding, en una noche que ha viajado de norte a sur, del soul a la bossa.

Es difícil crear una atmósfera capaz de percibir los matices de la voz de un extraordinario cantante como Gilberto Gil ante una audiencia tan numerosa. Y sin embargo su voz ha sido protagonista a pesar de los sobresalientes músicos que le han acompañado.

El cuarteto de cuerda lo han completado Bem Gil a la guitarra, Jacques Morelenbaum al chelo y Nicolas Kassic al violín, acompañados del percusionista Gustavo di Dalva. Los cuatro músicos han contribuído a generar ese ambiente que provoca a la vez el baile y el abrazo, como no podía ser de otra manera con Gil a la guitarra.

Un entrañable Gilberto ha cantado un tema que compuso en la carcel, con una guitarra prestada por un carcelero, cuando fué detenido por su música en el año 69 en un Brasil controlado por los militares. Su exilio en Gran Bretaña le hizo relacionarse con Pink Floyd o Tom Jones. Y desde entonces su música es patrimonio común.

El camino de la bossa al jazz es de dos direcciones y eso lleva siendo así desde hace muchos años. De Djavan a Stan Getz, o de Os Mutantes a David Byrne, la influencia mútua es inevitable. Las armonías de la música brasileña se siguen percibiendo en los estilos más recientes del jazz. Por eso Gilberto Gil es capaz de cantar en el mismo recital a Hendrix y a Jobim, un bolero y música de capoeira, "berimbau" incluído.

Le ha precedido esta noche el concierto de una mujer que, con menos de treinta años, destaca en la cultura americana reciente.

Con un erotismo que sobrepasaba su voz, y una gran capacidad de transmitir simpatía personal, Esperanza Spalding ha proyectado un discurso comprometido y cercano. Ésto ha sido cuando se ha dirigido al público, porque cuando ha tocado con su banda, la música ha aludido a los años dorados de las big bands o de las bandas sonoras de los setenta.

La Spalding instrumentista aprendió nada menos que con Ron Carter. La cantante es capaz de improvisar scat con y a la vez tocar un solo al contrabajo o al bajo eléctrico. Rodeada de una banda muy nutrida, de la que ha destacado el guitarrista Jeff Lee Johnson, su concierto ha sonado preciso y a partes iguales potente y ligero.

En la noche del viernes se presenta nada menos que Pat Metheny, un viejo conocido de Vitoria, y el pianista Fred Hersch, un plato fuerte de este festival que sigue creciendo a medida que transcurre la semana.

Pablo Madariaga