El Gobierno chino anunció hoy un crédito de 20.000 millones de dólares a África y aseguró que no está condicionado a la concesión de licencias o determinado por intereses estratégicos.

El crédito, para los próximos tres años y en el que no se especificó a qué países del continente irá dirigido, fue anunciado por el presidente chino, Hu Jintao, en la inauguración del V Foro de Cooperación China-África, y dobla las cifras de la anterior cita, en 2009.

El foro se celebra entre hoy y mañana en la capital pequinesa con la presencia de ocho mandatarios africanos -entre ellos el presidente de Guinea Ecuatorial, Teodoro Obiang-, y el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon.

Horas más tarde, el subdirector de la Oficina de Asuntos Africanos del Comité Central del PCCh (cúpula del Partido), Zhong Weiyun, explicó detalles del crédito y, preguntado si implica la concesión a China de licencias de explotación de recursos o permisos de construcción en países beneficiarios, respondió que "irá destinado a las áreas más necesitadas, como infraestructuras".

"No tiene nada que ver -enfatizó- con que las compañías chinas consigan licencias".

El crédito es sólo una cifra aproximada, por lo que Pekín apunta que se puede rebasar en el próximo trienio, como ya ocurrió cuando se sobrepasó la meta de los 10.000 millones propuesta en el anterior FOCAC (2009).

La buena salud de las relaciones comerciales entre el gigante asiático y África se materializa en los más de 166.300 millones de dólares que alcanzaron en 2011.

En diez años, las exportaciones de África a China han aumentado de 5.600 millones de dólares a los más de 93.000 actuales, convirtiendo a la potencia asiática en el primer socio comercial del continente africano.

Si bien las críticas que suelen acompañar a los negocios entre China y África no salieron hoy a la luz por ninguna de las partes (contratos laborales abusivos de Pekín, exportación de productos de mala calidad al continente negro, restricciones comerciales a productos africanos, etc.), sí sorprendió la "fraternidad" política.

Zhong calificó de "indispensables" las relaciones entre el Partido Comunista chino (PCCh) y los grupos políticos africanos, y aseguró que están basadas en el "respeto mutuo y en la no injerencia en asuntos internos".

También aseveró que "la intensidad de visitas de delegaciones del Partido a África no tiene precedentes".

"El Partido (Comunista) -dijo- promueve que los partidos políticos africanos conozcan la experiencia del sistema chino. Cada año recibimos más oficiales. Este año han sido 650".

No obstante, Zhong negó que la "afinidad ideológica" sea determinante a la hora de hacer negocios:

"China ajusta sus políticas de acuerdo a los cambios del mundo".

Entre esos cambios destacan los ocurridos en el norte de África en la primavera de 2011, unos "sucesos", dice Zhong, que no esperaba. "Como casi nadie", matiza.

"Sin embargo, han supuesto una alerta para el PCCh y partidos de todo el mundo. Nos ha enseñado lo importante que es tener relaciones cercanas con la población y que es necesario mejorar la calidad de vida de los ciudadanos".

Declaraciones de este tipo no son habituales entre el Gobierno chino, que intensificó su aparato censor cuando comenzó la Primavera árabe por el temor a que algo similar ocurriera en China.

Más de un año después, Pekín felicita a los nuevos gobiernos del norte de África, como el egipcio, y recuerda que las relaciones entre los "partidos no son sólo políticas, sino también económicas", apunta Zhong.

"Los líderes chinos son pragmáticos -señala-, apuestan por las relaciones prácticas".

Y, echando la vista atrás, rememora el inicio de las relaciones políticas entre África y China en los años cincuenta, una época en la que el "nasserismo" sirvió de inspiración para que varios países africanos y asiáticos se unieran en el Movimiento de Países No Alineados.

El presidente sudafricano, Jacob Zuma, aseguró hoy en la ceremonia de apertura estar "muy contento" de que "(África y China) nos tratemos como iguales", algo que suscribió después Ban Ki-moon.

La diferencia con el espíritu de no alineación que llevó hace casi medio siglo a 29 países, en su mayoría asiáticos y africanos (China incluida), a celebrar la Conferencia de Bandung, es que en el FOCAC uno de ellos ya es la segunda economía mundial y entre muchos de los otros se registran los mayores índices de pobreza.

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Por Paloma Almoguera