Más acostumbrados a patrullar campos de batalla en Afganistán que a revisar acreditaciones para los Juegos Olímpicos, sonrientes soldados británicos deambulaban por el Parque Olímpico de Londres el martes para cubrir el vacío que dejó el contratista privado que no cumplió con el número de guardias a los que se había comprometido en su contrato.

Desarmados, pero en uniforme de combate, los soldados con bronceados adquiridos en lugares exóticos, lejos de las nubes de Londres, se están acostumbrando a su nuevo escenario de acción, los 2,5 kilómetros cuadrados que alguna vez fueron un sitio de deshechos industriales y ahora se transformaron en lugares para competencias y hospedaje olímpico.

Con las identificaciones que dicen "Londres 2012" que empiezan a unirse a los uniformes, los soldados cambiaron las metralletas por lectores de códigos de barras en puntos de control similares a los de los aeropuertos, pero en el Parque Olímpico. Varios de ellos dijeron que recientemente estuvieron en Afganistán de servicio.

Lejos de generar temor entre los atletas que llegan, la presencia de los soldados parece reconfortar en una ciudad que padeció una ola de ataques suicidas con bombas apenas un día después de que se ganó la adjudicación de los Juegos Olímpicos, en 2005.

"Creo que ofrecen una enorme tranquilidad a la gente de que la seguridad está supervisada de manera correcta", dijo a The Associated Press Hugh Robertson, ministro Olímpico. "Al hablar con los atletas, que podrían estar un poco alarmados al llegar aquí, están increíblemente tranquilos al ver a las fuerzas armadas en la entrada".

Y agregó que ellos "saben que es lo mejor que tenemos ... y nos permite tener unos juegos seguros".

La amenaza terrorista británica sigue siendo substancial, está en el punto medio de una escala de 5, lo que significa que un ataque es una fuerte posibilidad.

"No hay información de inteligencia por el momento que sugiera que la alerta crezca", aclaró Robertson.

Unos 3.500 soldados adicionales fueron emplazados en las instalaciones olímpicas para llenar el vacío dejado por la empresa privada de seguridad G4S, que incumplió su contrato y no pudo proveer el número suficiente de guardias.

El funcionario cree que haber reemplazado a los contratistas privados con veteranos de los campos de batalla podría significar unos Juegos más seguros para cuando empiecen el 27 de julio.

"Siempre lo sentí así", dijo Robertson.