Más de 2,5 millones de somalíes siguen en estado de emergencia humanitaria un año después de que las Naciones Unidas declararan el estado de hambruna en ese país del Cuerno de África, el 20 de julio de 2011.

Durante una rueda de prensa celebrada hoy en Nairobi, el responsable de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) de la ONU para Somalia, Mark Bowden, alertó de que, además, otros 1,3 millones de somalíes podrían volver a este estado de no continuar la ayuda humanitaria al país africano.

"La situación sigue mejorando, y aunque el estado de hambruna ya no está ahí (la ONU lo dio por concluido el 3 de febrero), hay que seguir trabajando para que no se vuelva a ese punto", advirtió Bowden, quien cifró en 1.160 millones de dólares (unos 940 millones de euros) los fondos necesarios para enderezar la crisis.

"El año pasado podríamos haber hecho más si se hubieran conseguido más fondos y se hubiera reaccionado antes de la declaración de hambruna", afirmó el coordinador de la OCHA para Somalia.

"En seis semanas, (la hambruna) se extendió a seis regiones de Somalia. Cincuenta niños morían al día -recordó Bowden-. Decenas de miles de somalíes murieron durante la crisis del año pasado. Nunca sabremos el número exacto".

El pasado día 12, ocho ONG firmaron un documento en el que advertían de que al menos 200.000 refugiados que pueblan el campamento de Dadaab, en el este de Kenia, podrían verse afectados por la falta de fondos para proveer servicios básicos.

Dadaab, considerado el mayor campamento de refugiados del mundo, acoge a unos 465.000 desplazados -muy por encima de su capacidad-, en su mayoría somalíes que huyen del eterno conflicto armado en su país, agravado por las recientes sequías.

Somalia vive en un estado de guerra civil y caos desde 1991, cuando fue derrocado el dictador Mohamed Siad Barré, lo que dejó al país sin un gobierno medianamente efectivo y en manos de milicias islamistas, señores de la guerra que responden a los intereses de un clan determinado y bandas de delincuentes armados.

No obstante, las tropas gubernamentales, apoyadas por las fuerzas multinacionales de la Misión de la Unión Africana en Somalia (AMISOM) y algunas milicias aliadas, asedian los territorios dominados por la milicia radical islámica Al Shabab, que combate para instaurar un estado islámico de corte wahabí en el país.

Pero Al Shabab, que el pasado mes de febrero declaró su unión formal con la red terrorista Al Qaeda, domina aún amplias zonas del centro y el sur de Somalia.

Mientras tanto, los líderes del país trabajan a contrarreloj para completar el plan trazado para acabar con el proceso de transición en Somalia, que debería concluir el próximo 20 de agosto con el nombramiento de un nuevo presidente, aunque varias fuentes apuntan a que no se cumplirá a tiempo.